Vistas a la página totales

viernes, 17 de febrero de 2017

CULTURA POLÍTICA: IDEAS, ACTITUDES, ORIENTACIONES Y SIGNIFICADOS

    Los individuos que componen una sociedad, suelen compartir determinados patrones de conductas. De esta manera, encontramos distintos patrones conductuales que se encuentran fragmentados hacia determinados grupos dentro de la sociedad. Este mismo tipo de fragmentación conductual, lo observamos en la política. Es decir, en las sociedades nos podemos encontrar a grupos de individuos que siguen unas mismas pautas conductuales con respecto a la política. En este sentido, es posible encontrarnos dentro de las sociedades, a grupos de individuos que adoptan y expresan determinadas ideas, pensamientos, actitudes y comportamientos hacia la política. Este conjunto de ideas, actitudes y comportamientos es definido como la cultura política de una sociedad; “La cultura política es, por tanto, el atributo de un conjunto de ciudadanos que siguen una misma pauta de orientación o actitudes ante la política.” (Vallé; 2007:264). Por lo tanto, así como la cultura de una sociedad, entendida como el conjunto de conocimientos, creencias, valores, normas, tradiciones, mitos, rituales y costumbres, es determinante en el comportamiento social de los individuos, de igual manera, la cultura política entendida como el conjunto de conocimientos, creencias, valores, normas, tradiciones, mitos, rituales y costumbres compartidas por los miembros de una sociedad o grupo social hacia la política, es determinante en el comportamiento de los individuos hacia la política (Duarte Moller y Jaramillo Cardona; 2009:147).

     Almond y Verba (SF:180), nos define  la cultura política de una sociedad, como el conjunto de orientaciones y posturas que adoptan los individuos hacia el sistema político y sus elementos, así como también las aptitudes relacionadas a las funciones que cumple el individuo dentro de dicho sistema. De esta manera, vamos a tener distintas pautas de orientación individual hacia los elementos que forman parte del sistema político de una sociedad.  Almond y Verba (Ibídem), no solamente nos van a definir la cultura política de una nación como la particular distribución entre sus miembros de las pautas de orientación hacia los objetos políticos, sino también van a definir y especificar tanto los modos de orientación política, así como las clases de objetos políticos. Entre las orientaciones políticas, tenemos orientaciones cognitivas, afectivas y evaluativas;  las primeras se refieren a los conocimientos y creencias acerca del sistema político y sus incumbentes; por su parte las afectivas hacen referencias a los sentimientos acerca del sistema político, sus funciones y logros; mientras que en las orientaciones evaluativas tenemos los juicios y opiniones sobre los objetos políticos. Entre los objetos de orientación política, Almond y Verba (Ibídem) nos mencionan, primeramente las orientaciones hacia los objetos del sistema político, en donde tenemos sentimientos como el patriotismo o el desprecio por lo propio, las valoraciones de una nación como grande, pequeña, fuerte o débil, así como también la valoración del sistema político como democrático, constitucional o socialista. De igual manera, nos mencionan las orientaciones hacia uno mismo como elemento político activo y el sentido de competencia personal confrontado con el sistema político. Mientras que, en los referente a los elementos que componen un sistema político, los mismos autores (Op. Cit:181) nos presenta tres amplias categorías de objetos: 1) roles o estructuras específicas, tales como cuerpos legislativos, ejecutivos o burocráticos; 2) titulares de dichos roles, como lo son monarcas, legisladores y funcionarios, y 3) principios de gobierno, decisiones o imposiciones de decisiones públicas y específicas. Estas estructuras pueden clasificarse, tomando en cuenta si pertenecen o no, al proceso político o al proceso administrativo: Por proceso político entendemos la corriente de demandas que va de la sociedad al sistema político y la conversión de dichas demandas en principios gubernativos de autoridad. Entre las estructuras que pertenecen al sistema político, tenemos los partidos políticos, los grupos de intereses y los medios de comunicación, por su parte los procesos administrativos son aquellos aplicados o impuestos por los principios de autoridad del gobierno. Las estructuras predominantemente implicadas en este proceso incluirían las burocracias y los tribunales de justicia (Op. Cit: 181). En este sentido, según Almond y Verba (Op. Cit:182), la orientación política de un individuo puede ser comprobada sistemáticamente si analizamos los siguientes extremos: ¿Qué conocimientos posee de su nación y de su sistema político en términos generales, de su historia, situación, potencia, características «constitucionales» y otros temas semejantes? ¿Cuáles son sus sentimientos hacia estas características? ¿Cuáles son sus opiniones y juicios, más o menos meditados sobre ellas? ¿Qué conocimientos posee de las estructuras y roles de las diferentes élites políticas y de los principios de gobierno implicados en la corriente superior de la función política activa? ¿Cuáles son sus sentimientos y opiniones sobre estas estructuras, los dirigentes políticos y los programas de gobierno? ¿Qué conocimientos tiene de la corriente inferior de la imposición política, de las estructuras, individuos y decisiones implicados en estos procesos? ¿Cuáles son sus sentimientos y opiniones sobre ellos? ¿Cómo se considera a sí mismo en cuanto miembro de su sistema político? ¿Qué conocimiento tiene de sus derechos, facultades, obligaciones y de la estrategia a seguir para tener acceso a la influencia política? ¿Qué piensa acerca de sus posibilidades? ¿Qué normas de participación o de ejecución reconoce y emplea al formular juicios políticos u opiniones?

     Dependiendo de los distintos tipos de orientaciones políticas que observemos entre los individuos, vamos a tener distintos tipos de cultura política. Eleazar Ramos Lara (2006:33), no presenta varios tipos de cultura política, en el que tenemos primeramente, el concepto de “cultura política parroquial” caracterizada por a) un desconocimiento del entramado institucional del sistema político y sus funciones gubernamentales, b) permanecen al margen de la toma de decisiones publica, y c) desconocen los costos y beneficios de las políticas públicas; esto ocurre cuando las orientaciones políticas de los ciudadanos son vagas, constreñidas al espacio local, caracterizada por un bajo nivel de conocimiento del sistema en su conjunto. Mientras que cuando los individuo son conscientes de la existencia de un gobierno central y la respuestas a sus demandas, aunque sin embargo, no sabe cómo influir en la toma de decisiones colectivas, lo cual conlleva a una participación cívica baja, es entonces cuando tenemos una “cultura política subordinada o de súbditos”, es decir cuando los ciudadanos poseen información sobre la estructura institucional del sistema político aunque no participan en el proceso de toma de decisiones ni en la formulación de demandas, además de ser pasivos frente a los mecanismos de reproducción del poder político y presentar un fuerte abstencionismo en los procesos electorales; son conscientes de los beneficios de las políticas públicas, sin embargo, los esperan de forma paternal o providencial (Ibidem). De igual manera, tenemos el término de “cultura política cívica o participante”, que son aquellos ciudadanos que se distingues por conocer perfectamente cómo opera el sistema político, sus respuestas y además saben cómo organizarse y participar activamente para incidir en las políticas aplicadas por el Estado; aquí los ciudadanos no solamente poseen información sobre la estructura institucional del sistema político, sino también,  se involucran y participan activamente en el proceso de formulación de demandas y en la toma de decisiones y forman parte de los mecanismos de reproducción del poder político, acuden a las urnas en los procesos electorales y son conscientes de los beneficios de las políticas públicas, los cuales coadyuvan a obtener de manera activa (Oc. Cit. 34). De esta manera, podemos asociar estos distintos tipos de cultura política con sus respectivos régimen políticos, así por ejemplo tenemos que la “cultura política subordinada o de súbdito” la identificamos con los regímenes autoritarios, mientras que la “cultura política cívica o participante”, la tenemos como condición y soporte de los regímenes democráticos, sin embargo, debemos aclarar que no siempre podemos esperar estas combinaciones y de igual manera es posible tener combinaciones, como por ejemplo “subordinada-participante” o “parroquial-participante” etc. (Ibídem). En este sentido, tenemos que aquellos elementos que forman parte de una cultura política, lo vamos a encontrar reflejados en las distintas manifestaciones y participación de los ciudadanos hacia la política: “En términos generales, el conjunto de elementos cognoscitivos y valorativos que determinan el perfil de la cultura política se ve reflejado de manera directa en las modalidades de la participación ciudadana y en la percepción que ésta tiene sobre la política.” (Gutiérrez; 2007:64).

     La cultura política de una sociedad, no siempre coincide con el régimen político. Pueden existir casos en el que una determinada cultura política, pueda expresar determinadas ideas acerca de cómo debe funcionar el sistema político, que sin embargo, no son compartidas ni manifestadas por el régimen político de esa sociedad ni por el funcionamiento de la estructura. En estos casos, nos encontramos ante un estado latente de inestabilidad política y social, que puede generar desde protestas, cambio de régimen político, revoluciones y hasta guerras civiles. Estos casos suceden principalmente cuando tenemos una cultura política mixta, que es, en donde vamos a encontrar esta tendencia a la inestabilidad (Almond y Verba; SF:187). En una sociedad, es posible encontrarnos con diferentes ideas y pensamientos acerca de cómo debe funcionar la política y sus elementos que no siempre coinciden entre sí, es así como vamos a tener distintos tipo de cultura política dentro de una misma sociedad;  “Ahora bien, en una sociedad compleja no existe una cultura política homogénea, sino que se dan en su interior un conjunto de subculturas políticas que dan origen a comportamientos políticos diferenciados.” (Bobbio. Citado en: Duarte Moller y Jaramillo Cardona; 2009:148). En este sentido, al tener una cultura política mixta, en donde vamos a tener distintos tipos de ideas, creencias y aptitudes de los individuos hacia la política y sus funciones y que a su vez pueden ser antagónicas, con lo cual se puede llegar a un estado de confrontación o guerras civiles por cambiar el sistema político hacia estas ideas y creencias acerca de cómo debe funcionar el sistema político. Aunque de igual manera, podemos mencionar que una cultura política que no coincida con el tipo de régimen, puede estabilizarse para después llegar a coincidir con el régimen político o por el contrario, puede darse el caso que la cultura política, influya en el cambio de régimen político; 

           El proceso evolutivo de una cultura política puede estabilizarse en un punto concreto antes de llegar a la congruencia, con una estructura autoritaria centralizada u otra democrática; o bien el desarrollo puede tomar una dirección parecida a la de Inglaterra, donde una pauta continua y lenta de evolución cultural fue acompañada por continuos cambios correspondientes en la estructura. (Almond y Verba; SF: 187). 

     El hecho que, la cultura política de una sociedad no coincida con el régimen político, nos dice que no existe una continuidad entre cultura política y régimen político, ni tampoco con el funcionamiento de la estructura política; es decir la cultura política no crea ni al régimen político, ni a la estructura política que es donde descansa este último. La estructura política es creada por una cultura, pero no por la cultura política de sus ciudadanos, sino más bien por la cultura de los grupos que detentan el poder, la cual no necesariamente tiene que coincidir con la cultura política de los ciudadanos; las normas, leyes, constituciones, ideologías, formas de gobierno, gestión gubernamental, distribución de los recursos, aplicación de la ley y demás elementos que forman parte del sistema político, funciona y está determinado por la ideas, pensamientos, creencias y conocimientos de aquellos individuos que detentan el poder. La cultura política de una sociedad pertenece a un conjunto más amplio, que es la del conjunto de ideas, pensamientos, creencias, aptitudes y modos de comportamiento que son producidos por una sociedad. Todo ese conjunto de pensamientos, ideas, creencias, aptitudes y comportamientos que adoptan los individuos hacia la política, forman parte de un sistema de relaciones que les da vida y sentido; “En cualquier caso, conductas, ideas y valores relacionados con los procesos electorales que ahora tan poderosamente llaman nuestra atención, son sólo parte de un universo mucho más comprensivo y en buena medida explicable desde este conjunto mayor.” (Krotz; 1999:12). En este sentido, la cultura política de una sociedad no va funcionar de manera aislada ni autónoma, sino más bien cada una de sus expresiones, son una parte de todo el conjunto de pensamientos, ideas, creencias, aptitudes y comportamientos que son producidos por una sociedad. En este sentido, tenemos que todas las ideas, creencias, pensamientos, aptitudes y comportamientos que adoptan los individuos hacia la política, son producidos por el mismo sistema que ha producido las ideas, creencias, aptitudes y comportamientos que adoptan los individuos de una sociedad. La cultura política es una de las diversas culturas que produce una sociedad, es decir uno de los tantos modos de comportamientos, ideas, creencias, pensamientos, aptitudes y costumbres que produce una sociedad e impone a sus individuos:

 La cultura política de cualquier sociedad es en parte producto de su cultura general. La cultura incorpora todas las influencias –históricas, religiosas, étnicas, políticas- que afectan los valores y las actitudes de una sociedad. La cultura política es un microcosmos de la cultura mayor, con su foco puesto específicamente en los valores y las actitudes relacionado con la posición y el comportamiento político de cada individuo. (Ai Camp; 2000:78).


     La cultura política va a funcionar igual a como funciona la cultura de una sociedad, es decir como un conjunto de sistemas simbólicos, en la cual la cultura política va a ser uno de esos sistemas. Todo el conjunto de ideas, valores, estilos de vida, pensamientos, costumbres, creencias, tradiciones, identidades, hábitos y modos de comportamiento que observamos en una sociedad, no son más sino un conjunto de sistema simbólicos creados por los mecanismos inconscientes de la mente humana que en conjunto forman la cultura de una sociedad. Detrás de estos sistemas simbólicos, encontramos estructuras de oposiciones binarias, las cuales sirven de base para la formación de sistemas de significados que van a ser expresados a través de signos y símbolos, formando así los sistemas simbólicos. Los pensamientos, ideas, creencias, aptitudes y comportamientos que van a adoptar los individuos hacia la política, así como también los elementos que forman parte del sistema político (incluyendo el mismo sistema político), son producto de estas estructuras de oposiciones binarias y de los sistemas de significados; “De esta forma, la actividad política está –como el resto de la actividad humana- coordinada por la significación, por la emisión de símbolos que pueden ser descodificados (Ramos Lara; 2006:43). Por lo tanto, la cultura política más allá de ser un conjunto de ideas, actitudes y orientaciones, se encuentra definida por los significados sociales a ellos asociados. Estos significados no va a ser universales, sino más bien van a ser particulares en el sentido que cada cultura va a seleccionar los significados que van a adoptar los individuos hacia la política; en las sociedades encontramos distintos significados hacia los elementos del sistema político, por lo tanto, encontramos distintas actitudes y pensamientos hacia la política, e incluso dentro de una misma sociedad, encontramos distintos pensamientos y actitudes entre los grupos hacia la estructura política y sus elementos porque existen distintos significados; “…de manera que esos significados tienen sólo las connotaciones que ese grupo humano particular les da, pudiendo ser parecido a los otros grupos, pero difícilmente todos los significados iguales en su compleja totalidad.” (Ramos Lara; 2006:54). En este sentido, tenemos que detrás de todo ese conjunto de ideas, pensamientos, creencias, actitudes y comportamientos que adoptan los individuos que forman parte de una sociedad hacia los elementos del sistema políticos, así como también de toda manifestación política, todo movimiento político, revoluciones, lideres, ideología, orientación política hacia partidos o candidatos, etc.; tenemos la existencia de significados: 
                
                 En este sentido, es como un esquema que transmite significaciones materializadas en símbolos y signos de una generación a otra; esto es, un sistema de modelos que se heredan y expresan a través de formas simbólicas con las cuales los actores sociales se comunican, perpetúa y adquieren sus conocimientos y actitudes frente a la política. (Castro Domingo; 2011:242).
               

     Las estructuras de oposiciones binarias, así como el sistema simbólico que crea la cultura política y al sistema político y sus elementos, permanece inconsciente a los individuos. Sin embargo, sí pueden adquirir consciencia de los significados. Estos significados son los que van a determinar y guiar el comportamiento y la conducta de todos los individuos que forman parte de una cultura y sociedad; detrás de toda acción individual de los seres humanos existe un significado, por lo tanto detrás de toda expresión y manifestación política existe un significado que determina por qué se hace tal o cual cosa; “De esta forma, la actividad política está –como el resto de la actividad humana- coordinada por la significación, por la emisión de símbolos que pueden ser descodificados.” (Ramos Lara; 2006:43). Los sistemas simbólicos son los que van a determinar toda conducta humana ya que son ellos los que le dan significado, no solamente a toda acción y expresión humana, sino también a todos los elementos que forman parte de la sociedad incluyendo los elementos del sistema político: 
                
                  En este sentido, el enfoque interpretativo recurre a dos ejes de análisis: el sentido y el significado intersubjetivos que la acción social tiene para sus protagonistas; por eso su principio de partida es: tras lo visible de las acciones sociales yacen dispositivos de significados simbólicos que otorgan sentido y –por ende- controlan la conducta de los seres humanos. (Ramos Lara; 2006:44).

     Los individuos siguen determinadas idea y adoptan patrones de comportamiento y aptitudes hacia el sistema político, porque detrás esa acción hay un significado. En este sentido, al interpretar los significados que se encuentran detrás de toda acción y expresión política de los individuos, podemos comprender el comportamiento, las ideas, pensamiento y actitudes hacia el sistema político por parte de las personas, al igual que las inclinaciones hacia un determinado régimen político (democracia, dictadura, monarquía, etc.), inclinaciones hacia determinada ideología política, partido político o candidato, así como también podemos comprender los movimientos políticos, revoluciones, guerras civiles (originadas por el control político). Sin embargo, aunque los individuos sean conscientes de los significados, estos no son manifestados de manera evidente, por lo que es necesario realizar una labor interpretativa para así poder revelar cuáles. Esta interpretación, debe hacerse desde las mismas personas, es decir, interpretar desde sus mismos testimonios, los motivos por el que se inclinan o adoptan determinadas ideas, conducta o actitudes hacia el sistema político, es decir, de la propia interpretación que las personas hacen de su propia conducta, para lo cual debemos interactuar e interrelacionarnos con las mismas personas:

Dicho en otros términos, para todo acercamiento hermenéutico del mundo social, el análisis consiste en desentrañar las estructuras de significación y en determinar su campo social de acción y su alcance, sin olvidar que el investigador extrae la <<subjetividad>> de los actores mediantes recursos dialógicos fundados en la descripción y explicación que los actores ofrecen de sus propias acciones en su propia vida social, lo que nos lleva a reconocer que nuestros <<datos>> de análisis son realmente interpretaciones de interpretaciones de otras personas sobre lo que ellas piensan, creen y sienten. (Ramos Lara; 2006: 48).


     El estudio de la cultura política, nos puede revelar el origen y naturaleza de las ideas, creencias, pensamientos, orientaciones e inclinaciones de los ciudadanos hacia la política y sus elementos. Por lo tanto, estaríamos en condiciones de comprender las distintas aptitudes y comportamientos de los individuos hacia los movimientos políticos, regímenes políticos, ideologías políticas, revoluciones, guerras civiles, permanencia o no de un régimen político, líderes políticos, partidos políticos y de todo fenómeno político de una sociedad. Detrás de todo fenómeno político, existe una cultura política que lo legitima y le da vida. Aunque las revoluciones, líderes políticos, guerras civiles, régimen, ideología política, etc., no sean creados por la cultura política de una sociedad,  sin embargo, son los ciudadanos las que las legitiman y les dan vida: para que exista una guerra civil tiene que haber individuos dispuestos a luchar en dicha contienda, y los motivos que los impulsa a participar en tal acción, se encuentra en la cultura política, lo mismo ocurre con los líderes políticos, revoluciones, ideología política, etc. En este sentido, el estudio de la cultura política sólo nos puede revelar el origen y naturaleza  de las orientaciones, aptitudes y comportamientos de los individuos hacia el sistema político. Lo fenómenos político, (regímenes político, ideologías, partidos políticos, revoluciones, guerras civiles, movimientos político, etc.), son creados y dirigidos por aquellos grupos que detentan el poder, el cual representa un grupo entre los tanto que encontramos en la sociedad, que sin embargo, llegan al poder por ser dueños de determinados recursos, cuyos recursos les permite situarse en determinadas posiciones dentro de la sociedad cuyas posiciones les permite acceder al poder.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICA

Ai Camp, Roderic (2000). La política en México: el declive del autoritarismo. Siglo XXI: México.

Almond, Gabriel A. y Verba, Sidney (SF). La cultura política. Recuperado de: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/cpuno/asoc/profesores/lecturas/almondverba.pdf

Castro Domingo, Pablo. (2011). Cultura política: una propuesta socio-antropológica de la construcción de sentido en la política. Recuperado de: https://www.colson.edu.mx:4433/Revista/Articulos/50/7Domingo.pdf

Duarte Moller, Armando; Jaramillo Cardona, Martha Cecilia (2009). Cultura política, participación ciudadana y consolidación democrática en México. Espiral, vol. XVI, núm. 46, septiembre-diciembre, 2009, pp. 137-171 Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=13811856005

Gutiérrez, Roberto (2007). Conocimiento ciudadano sobre la democracia en México a través de la ENCUP. En: Cultura política y participación ciudadana antes y después de 2006. SEGOB: México. D.F.

Krotz, Esteban. (1999). Antropología, elecciones y cultura política. Nueva Antropología, vol. XI, No. 38, México. Recuperado de: http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/nuant/cont/38/cnt/cnt1.pdf

Ramos Lara, Eleazar (2006). Taxonomía o metáfora sobre el concepto de cultura política. En: González Pérez, Marco Antonio (coord.). Pensando la política: representación social y cultura
política en jóvenes mexicanos. Plaza y Valdés, S.A.: México, D.F. Consultado en: https://books.google.co.ve/books/about/Pensando_la_pol%C3%ADtica.html?id=MC16mFnVEGkC

Vallé, Josep María (2007). Ciencia política: una introducción. Editorial Ariel, S.A. Barcelona. Consultado en: http://metodologiainvestigacionpolitica.blogspot.com/2013/04/libro-ciencia-politica-una-introduccion.html

viernes, 14 de octubre de 2016

RELACIONES DE PODER, ESTRUCTURA POLÍTICA, SOCIEDAD Y CULTURA (III)

Poder, cultura y estructuras sociales: el origen de la estructura política

     Hasta el momento hemos expuesto cómo la estructura política logra dominar a los individuos que forman parte de una sociedad, así como también por qué algunos grupos son los que logran ejercer el poder en una sociedad y no otros. Sin embargo, esto no es suficiente para entender las relaciones de poder. Si el poder sólo es ejercido por aquellos grupos que al ser poseedores de ciertos recursos, les permiten situarse en posiciones estratégicas para detentar, controlar y aplicar el poder a través de la estructura política, en las que ellos no van a ser los poseedores ni tampoco los creadores de la estructura política. En este sentido, nos preguntamos: ¿Quiénes son los que crean la estructura política? ¿Cuál es su origen? ¿Qué es lo que determina que la estructura política funcione de determinadas manera? ¿Cómo se crean las condiciones para que determinados grupos de la sociedad ejerzan el poder y controlen la estructura política?

     El hecho que el poder se encuentre diseminado por toda la sociedad, implica que este no va a brotar de la estructura política o del Estado y sus instituciones, sino más bien es la estructura política la que surge de las relaciones de poder. El Estado no va a ser el lugar privilegiado del poder sino que es un efecto de conjunto (Foucault. Citado en: Ávila Fuenmayor; 2006:232). Por lo tanto, el poder no aparece como algo intrínseco al Estado, ni tampoco a la infraestructura a la que pertenece el Estado. Existen mecanismos y efectos del poder que no residen en el Estado entre los que tenemos, las jerarquías sociales, la vida de familia, la sexualidad, el uso del cuerpo, las relaciones laborales; las cuales forman parte de las relaciones de poder (Foucault; 1980:120). Sin embargo, es el Estado el que las avala. En este sentido, las relaciones de poder no van a brotar de la estructura política ni de sus instituciones, sino más bien las relaciones de poder van a utilizar a la estructura política para distribuirse y preservarse. Las instituciones son usadas por la estructura política para distribuir las relaciones de poder, ésta es quien las controla y distribuye. Las relaciones de poder no derivan de la estructura política, ya que el poder existe antes que aparezca la estructura política y son las que hacen que ésta última funcione; la estructura política no se representa en el poder, sino más bien es el poder quien se representa en la estructura política: “En referencia al sentido restringido de la palabra gobierno, se podría decir que las relaciones de poder han sido progresivamente gubernamentalizada, es decir elaboradas, racionalizadas y centralizadas en las formas de, o bajo los auspicios de las instituciones del Estado.” (Foucault; 1991:96). En este sentido la importancia y función de las instituciones se encuentra en el establecimiento de las relaciones de poder, mientras que las relaciones de poder se encuentran fueras de las instituciones (Foucault; 1991:91).

     Si el poder no brota de la estructura política, entonces ¿De dónde surgen las relaciones de poder y cómo se crea la estructura política?

     La estructura política se nos presenta como la mayor instancia de poder dentro en una sociedad, la cual es capaz de coaccionar y dominar a todos sus individuos. La estructura política impone leyes, valores y modos de conductas obligatorios para todos los miembros de la sociedad y también ideas acerca de cómo debe funcionar la economía, distribución de los recursos, educación y valores morales. La estructura política también la vemos en las actividades que realiza el sistema de instituciones públicas dirigida por valores de orden y equilibrio social, es decir, aquellas actividades que buscan el bien común o interés general, así como también la distribución de recursos a fin de generar políticas en materia social, económica, educativas, etc.; todas estas son actividades de dirección o gobierno. En este sentido encontramos que dentro de la estructura política subyacen determinadas ideas, cosmovisiones, modos de vida y comportamiento que son impuestos a los individuos. Por lo tanto, tenemos que más allá de ser una instancia de poder, la estructura política esconde determinados valores, creencias, ideas y cosmovisión acerca de cómo deben funcionar las cosas. Sin embargo, todo este conjunto de valores, creencias, ideas, etc., no provienen de la estructura política. Todas las sociedades moldean a los individuos, imponiéndoles, no solo normas, reglas y valores morales, y acerca de lo que es bueno y malo tanto para la sociedad como para los individuos; de esta manera tenemos que la sociedad crea la estructura política para imponer valores, creencia y modos de comportamiento, los cuales no solamente van a estar  plasmados en las leyes y en todo el sistema jurídico, policial, militar;  sino también en la escuela, educación, familia, etc. y en todas las actividades que realiza la estructura política. En este sentido, las relaciones de poder las encontramos en un nivel estructural, las cuales emanan del conjunto de creencias, valores, cosmovisiones, modos de vida y comportamiento de una sociedad, la cual utiliza a la estructura política para imponerlos a todos sus miembros.

     La sociedad implica una organización estructural no empírica, en el que encontramos no solamente la estructura política, sino también tenemos las estructuras económica e ideológica que funcionan a modo de sistema y se encuentran articulas entre sí retroalimentándose unas con otras y es esta interrelación las que permite su normal desenvolvimiento. Estas estructuras sociales funcionan y están determinadas a partir de ideas, creencias, valores y normas acerca de cómo deben funcionar las cosas. De esta manera tenemos que la estructura política y demás estructuras de la sociedad funcionan por la existencia de valores, creencias, cosmovisiones, modos de vida y comportamiento. Todo ese conjunto de ideas, creencias, valores, normas, etc., que encontramos en las estructuras sociales  emanan de la cultura de una sociedad. En las sociedades encontramos relaciones de parentesco, relaciones de producción, relaciones económicas, relaciones de poder, leyes, normas, educación, etc., que van a utilizar a las estructuras sociales para perpetuarse y poder funcionar. Los seres humanos que viven en sociedad, por medio de la cultura crean las estructuras sociales incluyendo a la estructura política. En este sentido, tenemos que la cultura de una sociedad no solamente van a determinar toda conducta y expresión humana, sino también van a generar relaciones sociales que se van a combinar entre sí para formar las estructuras sociales. El funcionamiento de cada una de estas estructuras va a estar determinado por la cultura que las originó. De esta manera, las estructuras económica, ideológica y política junto con su sistema jurídico y demás elementos que forman parte de ella, van a estar determinado y su funcionamiento depende de la cultura de una sociedad. Es la cultura de una sociedad la que va a crear no solamente las relaciones de poder, sino también la estructura política y su funcionamiento; va a crear las leyes, normas, asignaciones, funciones, gestiones  y todo lo que emana de la estructura política, están determinados y provienen de la cultura de una sociedad. Sin embargo, no va a ser la cultura de toda la sociedad, ya que una sociedad no está compuesta de una sola cultura sino de varias, en este sentido va a ser la cultura de los grupos que estén situados en posiciones estratégicas los que van a crear las estructuras sociales y su funcionamiento va a depender de esta cultura.

     El situarse en determinadas posiciones, permite que algunos grupos ejerzan el poder, creen las leyes y controlen la estructura política. Sin embargo, estos grupos tal como hemos dicho, solamente van a ejercer un poder que no vienen de ellos, sino más bien brota de las relaciones sociales, por lo tanto estos grupos no van a crear la estructura política. La estructura política y demás estructura de la sociedad va a ser creadas por aquellos grupos que al ser poseedores de determinados recursos, les va a permitir estar situados en posiciones estratégicas que les permite crear las estructuras sociales, sin embargo, no son ellos los que crean esas estructuras sino más bien es su cultura. El poder lo crea una cultura y no solamente crea el poder también crea todas las estructuras sociales. La manera en cómo funciona estas estructuras está determinada por la cultura de sus individuos pero no de todo los individuos sino de aquellos que esté bien situado o en una situación que les permite poseer recursos para ser determinantes en la creación de estas estructuras. La posesión de determinado recursos permite situarse en determinadas posiciones, de esta manera los grupos dependiendo de donde estén situados van a crear las estructuras sociales. En este sentido, tenemos que la estructura política y demás estructuras de la sociedad va a ser creadas por la cultura de aquellos individuos que al poseer determinados recursos se va a encontrar en determinadas posiciones dentro de la sociedad que les va a permitir crear las estructuras sociales y su funcionamiento va a depender de la manera en cómo fueron creadas, es decir, de la cultura de los individuos que las crearon. Sin embargo, esta cultura no va a ser los que van a detentar el poder, ya que esta cultura sólo crea las condiciones acerca de cómo va a funcionar el poder en donde encontramos las condiciones acerca de cómo se va a ejercer el poder. Por lo tanto, la cultura que crea la estructura política va a crear las condiciones para que determinados grupos de la sociedad puedan ejercer el poder.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Ávila-Fuenmayor, Francisco (2006). El concepto de poder en Michel Foucault. Telos, vol. 8, núm. 2, pp. 215-234. Universidad Privada Dr. Rafael Belloso Chacín. Maracaibo, Venezuela.
Balandier, Georges (1969). Antropología política. Ediciones península. Barcelona.
Bobbio, Norberto (2005). Teoría general de la política. Editorial Trotta. Madrid.
Easton, David. (1999). Esquema para el análisis político. Amorrortu editores. Buenos Aires.
de Jouvenel, Bertrand (2011). Sobre el poder Historia natural de su crecimiento.
Foucault, Michel (1980). Microfísica del poder. Madrid: Edissa.
Foucault, Michel (1991). El sujeto y el poder. Bogotá: CARPE DIEM Ediciones.
Foucault, Michel (2000). Un dialogo sobre el poder y otras conversaciones. Madrid: Alianza editorial.
Foucault, Michel (2003). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo
XXI Editores Argentina
Vallé, Josep María (2007). Ciencia política: una introducción. Editorial Ariel, S.A. Barcelona. Consultado en: http://metodologiainvestigacionpolitica.blogspot.com/2013/04/libro-ciencia-politica-una-introduccion.html

Weber, Max. El político y el científico. Documento recuperado de: http://www.hacer.org/pdf/WEBER.pdf

martes, 27 de septiembre de 2016

RELACIONES DE PODER, ESTRUCTURA POLÍTICA, SOCIEDAD Y CULTURA (II)

El poder como una estrategia: del ejercicio del poder a la coacción de los individuos  

    El poder se materializa a través del dominio de unos sobre otros, sin embargo, no debe ser considerado como una dominación masiva ni homogénea de un grupo de personas sobre otros, ya que no es algo dividido entre los que lo detentan exclusivamente y los que deben obedecer; el poder es algo que circula, es algo que funciona en cadena, no está localizado, ni tampoco en las manos de nadie, ni tampoco es un atributo (Foucault; 1980:144). En este sentido, las relaciones de poder va a ir más allá de una relación entre dominantes y dominados, en el que los primeros imponen su voluntad a los segundos. Por lo tanto,  no van a ser el triunfo de los que lo detentan e imponen su voluntad a todos los individuos, ya que el poder funciona a través de una organización reticular, en donde los individuos no solamente circulan por esas redes de poder, sino que además de sufrir su dominio también pueden ejercerlo, por lo que no va a estar  concentrado en los individuos sino más bien transita de forma transversal (Foucault; 1980:144), ni tampoco va a estar localizado en aquellos que lo detentan o son sus poseedores. En este sentido, el poder se nos presenta como un fenómeno social que circula por todos los miembros de la sociedad:

Este poder, por otra parte, no se aplica pura y simplemente como una obligación o una prohibición, a quienes "no lo tienen"; los invade, pasa por ellos y a través de ellos; se apoya sobre ellos, del mismo modo que ellos mismos, en su lucha contra él, se apoyan a su vez en las presas que ejerce sobre ellos. Lo cual quiere decir que estas relaciones descienden hondamente en el espesor de la sociedad, que no se localizan en las relaciones del Estado con los ciudadanos o en la frontera de las clases y que no se limitan a reproducir al nivel de los individuos, de los cuerpos, unos gestos y unos comportamientos, la forma general de la ley o del gobierno; que si bien existe continuidad (dichas relaciones se articulan en efecto sobre esta forma de acuerdo con toda una serie de engranajes complejos), no existe analogía ni homología, sino  especificidad de mecanismo y de modalidad. (Foucault; 2002: 26).

     Las relaciones de poder se nos presenta como el resultado de una relación social, entre dominantes y dominados en el que estos últimos transfieren el poder hacia los primeros, quienes no van a ser sus poseedores, sino más bien lo van a ejercer. En este sentido, el poder no va a ser algo que posee los que los que lo detentan, ya que no es una propiedad, sino más bien es producto de ciertos dispositivos que les permite funcionar a cabalidad (Foucault. citado en: Ávila Fuenmayor; 2006:226). Por lo tanto, el poder no va a ser aprehensible (no se almacena, ni se acumula), sino más bien va a brotar de las relaciones sociales y se va a difundir por todas ellas (Vallé; 2007:32). La aplicación del poder no va a ser una renuncia a la libertad, sino más bien la manifestación de un consentimiento, en el sentido que va a ser producto de una transferencia de derechos al delegar hacia unos pocos el poder de actuar sobre ellos (Foucault; 1991:83). Una de las condiciones que se nos presenta en todas las relaciones de poder, es el consentimiento de unos a ser dominados por otros, sin embargo, sólo se acepta esta dominación cuando es producto de una transferencia del poder, el cual se manifiesta por medio del consentimiento:

                Se nos dice «ven», y vamos. Se nos dice «vete», y nos vamos; obedecemos al recaudador, al policía, al sargento. Eso no significa seguramente que nos inclinemos ante esos hombres, sino ante sus superiores, a pesar de que, como sucede a menudo, despreciemos sus caracteres y sospechemos de sus intenciones. (de Jouvenel; 2011:18).

     El poder en una sociedad se encuentra diseminado, encontrándolo tanto en los policías, fiscales, jueces, magistrados, primer ministro, presidente, etc., sin haber diferencias entre ellos, ya que todos ejercer un poder que no les pertenece y que además lo ejercen a través de determinadas pautas y leyes que son impuestas por la mismas condiciones que permiten que ellos ejercen el poder. Aunque existan personas que son elegidas de forma representativa y que se presentan semejantes a los gobernados, sin embargo, desde el momento en que ejercen el poder adquieren una voluntad y carácter distintos, en el sentido que las personas al ejercer el poder deben hacerlo siguiendo normas y pautas establecidas; “Las personas a las que se dirige el soberano están obligadas a cumplir la orden que se les da, no por el contenido de esta orden, sino porque emana de una voluntad superior por naturaleza a su propia voluntad.” (de Jouvenel; 2011:50). Por lo tanto, el poder lo puede ejercer el gobierno que toma decisiones, el partido político (que controla al gobierno), diputados (que aprueban leyes), un medio de comunicación (que puede provocar la dimisión de un políticos), asociación patronal (que puede provocar la aplicación de una política económica a su favor), una organización religiosa (puede incidir en la aprobación o no de determinadas leyes), etc. (Vallé; 2007:33). El poder lo encontramos en todos los ámbito de la vida social.

     El poder al estar diseminado dentro de una sociedad, implica que en cada rincón de ésta vamos a encontrar ejercicios de poder. Es así como vamos a estar en presencia de micropoderes que se difunden por toda la sociedad formando un panoptismo o una especie de ciudad carcelaria, que en conjunto dan cuentan del aparato del Estado (Foucault; 1980:118). Esta red de micropoderes, estaría formada por las escuelas, hospitales, casas de corrección y de educación, junto con una policía centralizada que ejerce una vigilancia permanente y exhaustiva; “A través del panoptismo apunto a un conjunto de mecanismos que operan en el interior de todas las redes de procedimientos de los que se sirve al poder.” (Ibídem). El panoptismo, lo encontramos, en un primer nivel en las escuelas, cuarteles y hospitales (psiquiátricos), y en su vigilancia permanente de estos grupos llevado a cabo por el aparato policial y de Estado quienes vigila los desórdenes, criminalidad y desviaciones; “El panoptismo no ha sido confiscado por los aparatos de Estado, pero éstos se han apoyado sobre esta especie de pequeños panoptismos regionales y dispersos.” (Ibídem). De esta manera al estar el poder difundido a través de micropoderes que van desde la escuela, cuarteles y hospitales, hasta el aparato policial y judicial, tenemos que los mecanismos de poder, no debe limitarse solamente a las instituciones del Estado, ya que el poder circula y no lo encontramos localizado solamente en el Estado: “De hecho, el poder en su ejercicio va mucho más lejos, pasa por canales mucho más finos, es mucho más ambiguo, porque cada uno es en el fondo titular de un cierto poder y, en esta medida, vehicula el poder.” (Foucault; 1980:119).

     A pesar que el poder no es una cosa que se tiene o se posee, sin embargo, necesariamente va a ser ejercido por un grupo de personas quienes van a ser los encargados de ejercer y aplicar el poder sobre los individuos; “Hoy como siempre, el Poder lo ejerce un puñado de hombres que controlan la «sala de máquinas». Este grupo constituye lo que se llama el Poder, y su relación con los hombres es una relación de mando.” (Jouvenal; 2011:16). Este grupo de personas quienes que van a ser los encargados de ejercer el poder, no van a llegar a esa posición por ser los más capacitado para ese tipo de funciones, sino más bien va a ser motivado por los recursos que poseen que les permiten situarse en determinadas posiciones estratégicas que les permite ejercer el poder. De una u otra forma, el control de determinados recurso, sitúa a algunas personas en situaciones estratégicamente más ventajosas que otra para así poder ejercer el poder (Vallé; 2007:33). De esta manera, el poder se nos presenta como un recurso, por lo tanto debemos preguntarnos qué posiciones facilitan los recursos que permiten ejercer el poder político. Cuando se habla del poder como recurso, estamos hablando del recurso económico (que permiten recompensar o penalizar los actos de otros); los recursos de coacción (la facultad de anular o limitar la libre decisión de los de más); los recursos simbólicos (capacidad de explicar la realidad social controlando la información, cultura, religión, derecho) (Vallé; 2007:33).  

     Aunque el poder no es la posesión de ningún grupo dominante, sino más bien va a estar difundido y va a brotar de las relaciones sociales, sin embargo, no debemos olvidar que el poder es ante todo una relación de fuerza, dominio, coacción y represión hacia los individuos; “El poder se identifica especialmente con la capacidad de imponer límites y privaciones a la capacidad de decisión de los demás, obligándoles a conductas no queridas por ellos.” (Vallé: 2007:33). De esta manera cuando el poder se nos presenta como un recurso utilizado por aquellos que ejercer el poder, éste último se nos presenta como una coacción y represión hacia los individuos. Cuando  se poseen los recursos que permiten ejercer el poder, este va a ser aplicado como una coacción, imposición y represión por parte de los individuos que ejercer el poder hacia los demás. Los que ejercer el poder son los encargados de aplicar la fuerza y la represión hacia todos los individuos  y éste poder a su vez lo encontramos materializado en el poder político;  “Es esta capacidad de propuesta y de impulsión, de resistencia y de bloqueo la que revela la existencia de poder político en manos de unos determinados sujetos sociales.” (Ob. Cit. 34). De esta manera, la cuestión política va a girar en torno a cómo apoderarse del poder y cómo administrarlo, es decir: “…echando mano de él como quien administra una sustancia que se tiene almacenada en algún deposito.” (Vallé; 2007:31).


     El poder al ser ejercido necesariamente por un grupo de persona, puede ser usado como una estrategia por parte de estos grupos, quienes pueden ejercerlo para lograr determinados objetivos a su favor. De esta manera, el poder se nos presenta como una estrategia usada por los grupos que al estar bien situados están en condiciones de ejercerlo. En este sentido, quien detenta el poder, lo maneja como instrumento aplicándolo sobre los demás con el fin de obtener determinados resultados. De esta manera, los grupos dominantes pueden adueñarse del poder y utilizarlo para sus propios beneficios;  “No tarda en revelarse la aniquiladora enormidad del Poder. Creen que ellos lo han construido, pero no es así. Únicamente lo detentan.” (Jouvenal; 2011:16). El poder va a ser instrumento que se aplica sobre otros para lograr determinados objetivos, por lo que va a ser utilizado con el fin de originar ciertos resultados favorables para un determinado sector a partir del dominio que ellos aplican, lo cual se materializa no solamente a través de la imposición y el predominio de los primeros, sino también la aceptación y acatamiento de los segundos. El poder no es una propiedad, sino una estrategia, sus efectos de dominación no obedecen a una apropiación sino a unas disposiciones, a unas maniobras, a unas tácticas, a unas técnicas, a unos funcionamientos, unidos a una red de relaciones sociales; este poder se ejerce no se posee, tampoco es el privilegio de unos pocos, sino más bien el efecto de sus posiciones y que a su vez se acompaña con la posición de aquellos que son dominados (Foucault; 2002: 26). 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

RELACIONES DE PODER, ESTRUCTURA POLÍTICA, SOCIEDAD Y CULTURA (I)


En las sociedades occidentales el poder es lo que mejor se muestra, sin embargo, es lo que mejor se esconden (Foulcaul; 2000:156). Todos conocemos las leyes, estamos a merced de la fuerza policial y judicial, todos conocemos la figura del Estado y sus representantes e instituciones, conocemos a los políticos, a las reglas de convivencia, leyes morales, normas y deberes de cada uno de los individuos. Sin embargo, no sabemos cuál es la naturaleza de las leyes, normas y deberes que debemos cumplir como individuos, ni tampoco por qué debemos acatarlas y obedecer a las autoridades; “Las relaciones de poder están tal vez entre lo más oculto del cuerpo social.” (Ibídem). En este sentido, nos preguntamos: ¿Cómo se forman las relaciones de poder? ¿Cuál es su origen? ¿De dónde surge? ¿Cómo algunos llegan a dominar a otros? ¿Cuáles son los medios utilizados para dominar a otros? ¿De dónde surgen estos medios? ¿Por qué algunos son los que dominan y otros no? y ¿Por qué algunos aceptan ser dominados sin oponer resistencia? En definitiva ¿Cómo funcionan las relaciones de poder en una sociedad?

     Michel Foucault (1980:143), manifiesta que el estudio de las relaciones de poder debe estar dirigidos hacia el interior de sus prácticas reales y efectivas y a su campo de aplicación, es decir, donde se implanta y produce efectos reales. Michel Foucault (Citado en: Ávila Fuenmayor; 2006:217) nos dice que se deben estudiar las relaciones de dominación en lo que tienen de fáctico, de efectivo y de ver cómo ella misma es la que determina los elementos sobre los cuales recae. Por tanto, plantea, no preguntar a los sujetos cómo, por qué y bajo qué derechos aceptan ser sometidos, sino indicar cómo se fabrican las relaciones de sometimiento concretas (Foucault. Citado en: Ávila Fuenmayor; 2006:217). En este sentido, al estudiar las relaciones de poder, debemos preguntarnos cómo se aplican, así como también cuáles son los medios con los que es posible aplicarlo, es decir la violencia, amenazas a través de las armas o por efectos de la palabra o discurso, por disparidad económica o por los controles de vigilancia, formas de institucionalización, tradiciones, estructuras legales y  Estado (Foucault; 1991:94). Michel Foucault (1980:143), también manifiesta que más allá de preguntarnos por qué algunos quieren dominar a otros, o cuál es su estrategia de dominio, debemos revelar cómo funciona todo el proceso de sometimiento, es decir el proceso de controlar los cuerpos, gestos comportamiento, etc. El ejercicio del poder no es un hecho escueto, un derecho institucional, ni tampoco es una estructura que se mantiene o se destruye, es elaborada, transformada, organizada, se dota a sí mismo de procesos que están más o menos ajustados a la situación (Foucault; 1991:95).

Estructura política: fuerza, represión, leyes

     En primera instancia, el poder se nos presenta como la capacidad de condicionar la conducta tanto individual, como colectiva por parte de un grupo de personas hacia otras. En este sentido, podemos definir el poder como “…la capacidad de un sujeto de influir, condicionar y determinar el comportamiento de otro individuo.” (Bobbio; 2005:237). Por lo tanto, más allá de una simple relación entre individuos, las relaciones de poder son una forma en que ciertas acciones modifican a otra; el poder no existe en una forma concentrada o difusa, ya que éste solamente existe cuando es puesto en acción (Foucault; 1991:83). El poder sólo se va a materializar al momento en que es posible condicionar y redirigir las actuaciones, conductas, comportamiento y acciones de un grupo de personas y en mantener ese control sobre ellos. De esta manera, el poder va a consistir en guiar la posibilidad de conductas y colocar en orden sus posibles consecuencias; el poder designa las formas en como la conducta de los individuos o grupo pueden ser dirigidas (Foucault; 1991:86). Por lo tanto, aplicar el poder de forma efectiva no implica actuar de forma directa e inmediatamente sobre otros, sino más bien sobre sus acciones existentes o sobre aquellas que pueden surgir en el presente o en el futuro (Foucault; 1991:84). Es así como se va a materializar el poder de forma efectiva y además sólo así es que vamos a estar en presencia de relaciones de poder:

…una relación de poder solo puede articularse sobre la base de dos elementos, cada uno de ellos indispensables, si ha de ser realmente una relación de poder: que el <<otro>> (aquel sobre el cual se ejerce el poder) sea completamente reconocido y mantenido hasta el final como una persona que actúa: y que, enfrentada a una relación de poder, pueda abrirse un campo entero de respuestas, reacciones, resultados e invenciones posibles. (Foucault; 1991:84).

     Aunque las relaciones de poder son intrínsecas en todas las sociedades, sin embargo, el condicionar y redirigir las acciones y comportamiento de los individuos y grupos, no es un proceso que se lleva a cabo de forma natural, en el sentido que los individuos no van aceptar ser dominados por otros de forma espontánea. De esta manera, al encontrarnos en un contexto en donde la dominación no se va a presentar de forma natural, ni los individuos van aceptar ser dominados de forma espontánea, es necesario el uso de medios efectivos que permitan no solamente forzar a los individuos a aceptar ser dominados, sino también a mantener este dominio sobre ellos. Es así como se nos presenta el uso de la violencia, no sólo como un medio para aplicar el poder, sino también para darle origen a las relaciones de poder. Las relaciones de poder al ser una acción que modifica otra acción, la cual fuerza, someten y cierra las puertas a todas las posibilidades existentes de impedir este control hacia las acciones de otros, tuvo que haberse originado a través del uso de la violencia; ésta fue su forma primitiva, su secreto y es además su último recurso y naturaleza real (Foucault; 1991:84). De esta manera, el poder se va a mantener a través del uso de la violencia, ésta representa el medio más eficaz de controlar y condicionar las acciones, comportamiento y voluntad de los individuos:

                 En las relaciones interindividuales, a pesar del estado de subordinación que la expropiación de los medios de producción genera en los expropiado, a pesar de la adhesión pasiva a los valores trasmitidos por parte de los destinatarios de los mensajes emitidos por la clase dominante, solo la utilización de la fuerza física sirve para impedir la insubordinación y para domar cualquier forma de desobediencia. (Bobbio; 2005:243).

     El poder al tener en la violencia su origen y principal naturaleza, la cual utilizada a partir del hecho que el dominio sobre los individuos no se va a llevar a cabo de forma natural ni espontanea, por lo tanto, tenemos que las relaciones de poder son producto del enfrentamiento y la confrontación que dan paso a relaciones de dominio. El poder es lo que reprime a la naturaleza, a los instintos, a una clase, a los individuos, en este sentido, su análisis debe hacerse en termino de lucha, de enfrentamiento, de guerra, por lo tanto, el poder se nos presenta como una guerra continuada pero llevada a cabo con otros medios; por consiguiente podemos decir que el poder en las sociedades contemporáneas se ha instaurado bajo una determinada relación de fuerza, históricamente localizable en la guerra (Foucault; 1980:137). De esta manera, el poder va a ser principalmente una relación de fuerza y va a funcionar a través de la represión. Sin embargo podemos observar que en las sociedades, la fuerza y la represión no se aplican de forma pura y permanente sobre los individuos, sino más bien tenemos formas institucionalizadas, legitimadas y aceptadas de ejercer la violencia sobre los individuos. Bajo este contexto, se nos presenta la estructura política, no como mecanismo que cesa el enfrentamiento y la confrontación, sino más bien lo continúa pero utilizando otros medios que institucionalizan el uso de la violencia para instaurar relaciones de dominio; el poder político utiliza la fuerza y la represión de forma legítima para mantener las relaciones de dominio. De esta manera, al considerar al poder como la continuación de la guerra, la política se nos presenta como la corroboración y el mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifiestan en la guerra:

Y si es cierto que el poder político hace cesar la guerra, hace reinar o intenta hacer reinar una paz en la sociedad civil, no es para suspender los efectos de la guerra o para neutralizar el desequilibrio puesto de manifiesto en la batalla final; el poder político, según esta hipótesis, tendría el papel de reinscribir, perpetuamente, esta relación de fuerza mediante una especie de guerra silenciosa, de inscribirla en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje, en fin, en los cuerpos de unos y otros. La política como guerra continuada con otros medios sería en este primer sentido un dar la vuelta al aforismo de Clausewitz; es decir, la política sería la corroboración y el mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifiestan en la guerra. (Foucault; 1980:136).

     El poder político al ser la forma institucionaliza de ejercer la fuerza y la represión, se va a erigir como el poder supremo dentro de una sociedad en el que todos se encuentran condicionados, y sus indicaciones deben ser obedecidas por todos los individuos. Ningún grupo en la sociedad, puede llegar nunca a ejercer la influencia dominante y obligatoria para todos los miembros, ni tampoco ejercer la fuerza y la represión como lo hace la estructura política; “Es este carácter vinculante o forzoso de la decisión adoptada lo que distingue a la política de otros acuerdos que se adoptan en función de una relación de familia, de una amistad o de un intercambio económico.” (Vallé; 2007:20). Aunque en las sociedades existan  grupos como la familia, cooperación amistosa, etc., en donde encontramos asignaciones de valores y patrones de conductas, sin embargo éstas sólo son reconocidos por sus propios miembros y además deben contar con el aval de la estructura política para poder ser aplicados; cuando las demandas de obediencia intenta traspasar a sus miembros y aplicarla a toda la sociedad, se origina un conflicto con la estructura de gobierno (Easton; 1999:86). El poder político se fundamenta en la relación de dominación de hombres sobre hombre, mantenida a través de la violencia legítima, por lo tanto, para subsistir necesita que los dominados acaten la autoridad (Weber; SF:3). En este sentido, la estructura política no solamente va a imponer asignaciones obligatorias a cada uno de sus miembros, sino también sanciones hacia aquellos que no acaten sus mandatos, cuyas sanciones son aplicadas a través de la fuerza y la represión.

     La estructura política al tener el uso exclusivo de la violencia física, mantiene el monopolio y legitimidad de la fuerza y la represión. Por lo tanto cualquier asociación o individuo sólo puede ejercer la violencia física en la medida en que el Estado se lo permita (Weber; SF:5). El Estado político aparece cuando los individuos renuncian al empleo individual de la fuerza propia, para ponerlo en manos de una sola persona o institución, que a partir de ese momento será el único autorizado para el empleo de la fuerza, es así como vamos a pasar de un estado de naturaleza a un estado civil, de la anarquía a la arquia, del estado apolítico al estado político (Bobbio; 2005:181). De esta manera, encontramos que el rasgo distintivo del poder político con otras formas de poder, se encuentra en el uso de la fuerza, sin embargo, aunque ésta se presenta como una condición necesaria no es suficiente para la existencia del poder político, ya que podemos tener casos como las bandas delictivas, piratas, grupos subversivos, etc., que se basan en el uso de la fuerza que, sin embargo, no logran tener poder político. De esta manera, el poder político se diferencia por tener la exclusividad en el uso de la fuerza con respecto a los demás grupos que forman parte de la sociedad; esta exclusividad de la del uso de la fuerza es el resultado de un proceso que se desarrolla en todas sociedades para la monopolización de los medios necesarios para ejercer la coacción física, entre los que se encuentran no solamente el uso de las armas, sino también la criminalización y penalización de los actos de fuerza física, no realizado por las personas autorizadas (Bobbio; 2005:180).

     Así como el poder político mantiene la exclusividad del uso de la fuerza, sin embargo, esta exclusividad debe estar legitimada a través de la ley. En este sentido el poder político no solamente va a utilizar la fuerza y la represión como medio de dominio, sino además va a utilizar la ley, no solamente como medio legitimador, sino también de coacción y dominio.  Por lo tanto, el uso de la fuerza con el que se impone el poder político, no va a ser el único medio por el que se ejerce el poder, sino más bien ésta es utilizada como último recurso cuando los individuos por sí solo no aceptan ser controlados por medio de la ley;  “No existe ninguna sociedad en la que las normas sean respetadas automáticamente.” (Lucy Mair citado en: Balandier; 1969:43). Las leyes no solamente dictan las pautas que deben seguir los individuos, sino también cómo debe aplicarse la fuerza y la represión hacia aquellos individuos que no acaten la ley. De esta manera, la ley se nos presenta no solamente como medio legitimador de poder político, sino también como medio de dominación hacia los individuos. Las leyes prohíben, por tal motivo se nos presenta como un medio de dominación. 

     Los medios con que se aplica el poder deben estar legitimados de lo contrario los individuos difícilmente van a aceptar la dominación como algo natural, lo que puede generar confrontaciones en la aplicación del poder. La autoridad con que ejerce el poder la estructura política, en algunos casos no debe contar con recursos o argumentos racionales para que sean obedecido (Vallé; 2007:36), sin embargo, se encuentra legitimado a través de la ley. El poder político se legitima cuando se adapta y cumple las normas establecidas y formalizadas, estas normas las encontramos en las leyes, códigos y constituciones. En este sentido, cuando se toma una decisión o propuesta adaptada a la ley vigente, estamos en presencia de un gobierno considerado legal y legítimo que puede usar la fuerza y la represión. De igual manera, un poder se hace legítimo para una sociedad, cuando obedece a los valores, creencias e ideología, de esa sociedad; “La noción de legitimidad, por tanto, vincula el poder con el mundo de las ideas y de los valores.” (Vallé; 2007:41). Sin embargo, el poder político no solamente se hace legitimo al cumplir en sus decisiones con las leyes vigentes, sino que además debe ajustarse al conjunto de valores de esa sociedad: “Mientras que la legalidad comporta la adecuación de una decisión o de una propuesta a la ley vigente, la legitimidad nos señala el ajuste de esta misma decisión a un sistema de valores sociales, que van más allá de la propia ley escrita, incluida la constitución (Vallé; 2007:43). Las leyes legitiman formalmente el poder, a partir del hecho que éstas, también están legitimadas.

     El poder político, no solamente se hace legitimo cuando cumple con las normas y leyes establecidas, sino también cuando es ejercido por alguien autorizado por estas normas y leyes. Así como las leyes dictan las pautas que deben seguir los individuos y cómo debe aplicarse el poder, de igual manera, dictan las pautas acerca de quiénes son los encargados de aplicar el poder. De esta de esta manera, vamos a encontrar en las sociedades, roles diferenciados que van ayudar a aplicar el poder de forma legítima; “A estos roles diferenciados los identificamos con conceptos como dirigentes, gobierno, autoridades, jefes y ancianos y clan.” (Easton; 1999:84). El poder político detiene las aspiraciones individuales y orienta las decisiones de la colectividad, ya que éste legitima la dominación dentro de la figura política, “El poder político organiza la dominación legítima y la subordinación y crea una jerarquía que le pertenece” (Balandier; 1969: 91). Es así como observamos, que no solamente la aplicación de la fuerza y la represión junto con las leyes van a estar legitimados como mecanismos de poder, sino también aquellos que detentan y aplican el poder también van a estar legitimados:

                   En una monarquía absoluta, por ejemplo, la norma fundamental que autoriza y en cuanto tal legitima el ejercicio del poder no es otra que la ley que establece el orden de sucesión al trono, a diferencia de un Estado parlamentario en donde es la Constitución, y más concretamente aquella parte de la Constitución que regula los poderes del parlamento, las relaciones entre el parlamento y el gobierno, etc., la que determina cuando se está en presencia de un poder ejercido legítimamente. (Bobbio; 2005:257).

     El poder político dentro de una sociedad, no solamente es el único poder capaz de utilizar la fuerza y la represión, sino que además es el único poder que se encuentra legitimado; no solamente crea las leyes que los legitima, sino también establece la legitimidad de aquellos que van a aplicar el poder. Sin embargo, las leyes son tan solo un medio creado por aquellos grupos que detentan el poder; las leyes por sí sola no legitiman las relaciones de poder. Max Weber (SF:3), nos dice que entre aquellos elementos que justifican la legalidad y legitimidad del ejercicio del poder, se encuentra, en primer lugar la legitimidad “tradicional”, materializada en los antiguos jerarcas o príncipes, “…la legitimidad del .eterno ayer, de la costumbre consagrada por su inmemorial validez y por la consuetudinaria orientación de los hombres hacia su respeto.” (Ibídem). En segundo lugar, tenemos los caudillos, jefes guerreros, es decir aquellos que llegan al poder por grandes dotes carismáticos, aquellos que son considerados héroes despertando confianza en la población siendo aquellos grandes líderes demagogos, que arraigan la idea de vocación y además son vistos como personas que son llamados a ser los grandes conductores, por lo tanto no se les presta obediencia porque así lo diga las costumbres, normas o leyes, sino más bien porque creen en ellos; “Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido.” (Ibídem).

     La estructura política obliga a los individuos a acatar la ley por medio de la fuerza. Sin embargo, no solo la fuerza y la ley son mecanismo utilizado para lograr la dominación de los individuos. Dentro de las sociedades, encontramos asignaciones impuestas a los individuos, las cuales son aceptadas y acatadas no solo por el temor a ser sancionados  por medio de la fuerza, sino también por razones psicológicos que se pueden dirigir a imprecaciones u oprobio social, y en tercer lugar tenemos el interés personal, tradición, lealtad; los cuales se encuentran entre los motivos por el que los individuos aceptas las imposiciones políticas, que son impuestas como una obligación, y es esta obligación lo que las distingue de las demás (Easton; 1999:80). No solo la fuerza y la ley permiten actuar sobre los individuos, sino también la costumbre, status, privilegios. En este sentido, el uso de la violencia representan un elemento usado y presentes en el ejercicio del poder, sin embargo no constituyen su principio heurístico ya que el poder es una estructura de acciones, una manera de actuar sobre sujetos actuantes: incita, induce, seduce, constriñe, prohíbe (Foucault; 1991:85).  En este sentido la manifestación del poder no solamente se encuentra en la represión ya que:

                  Si el poder no fuera más que represivo, si no hiciera otra cosa que decir no ¿cree usted verdaderamente que llegaríamos a obedecerlo?  Lo que hace que el poder se sostenga, que sea aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia que dice no, sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discurso; hay que considerarlo como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de como una instancia negativa que tiene por función reprimir. (Foucault; 1991:137).

     El control que ejerce la estructura política sobre los individuos, que se ve reflejado en la relación entre dominante y dominados, subyace el triunfo de determinadas ideas acerca de lo bueno y lo malo, lo justo y los injusto, acerca de cómo debe funcionar la sociedad y cómo se debe aplicar el poder, acerca del ideal de justicia, reflejado y plasmado en la ley con que funciona el poder político. Sin embargo, es una ley que es producto de aquellos grupos o clases que detentan el poder y gozan de privilegios dentro de la sociedad; “Pero la hegemonía del Estado no se basa únicamente en la dominación militar de un poder central sobre otros poderes. Es también el triunfo de una determinada concepción ideológica, capaz de justificar esta dominación centralizada.” (Vallé; 2007:89). En este sentido, tenemos que así como en cada sociedad podemos observar concepciones acerca de lo que justo o no, estas concepciones e ideas se ven reflejado en su sistema de justicia y leyes y en su concepción y aplicación del poder. Las leyes no nacen de la sabiduría sino de la autoridad:

                 Para san Agustín, y para todos aquellos que no se resignan a considerar el derecho únicamente como el producto de la voluntad dominante, esto es, que distinguen una comunidad política de una banda de ladrones, la diferencia se encuentra en la correspondencia o no de las leyes con el ideal de justicia. ≪dar a cada uno lo suyo≫ o bien, ≪que cada uno haga aquello que le corresponde≫, no son meramente formales y, por consiguiente, puede atribuírseles cualquier contenido, .quien decide en cada caso cual es el contenido específico, sino el que tiene el poder de tomar decisiones que valen coactivamente para todos, es decir, una vez más, del detentador del poder político. (Bobbio; 2005:256).

     En todas las sociedades encontramos  que los individuos no solamente aceptan ser sometidos sin oponer o expresar resistencia, sino que además aceptan esta dominación como algo normal en la sociedad, e incluso hasta llegan a defenderla. Es aquí en donde encontramos unas de las primeras manifestaciones de poder. El individuo no es simplemente un elemento pasivo en donde se aplica el poder, sino más bien se nos presenta como uno de sus primeros efectos y además un elemento de conexión: “El poder circula a través del individuo que ha constituido.” (Foucault; 1980:144). Las sociedades moldean a los individuos, imponiéndoles, no solo normas, reglas y valores morales, y acerca de lo bueno y malo tanto para la sociedad como para los individuos. En este sentido, tenemos una transformación técnica de los individuos, es decir, una especie de servidumbre alienada que puede designarse con el nombre de “normalización”, de esta manera, vamos a tener dos manifestaciones de poder: por una parte tenemos las leyes y por otra tenemos las normas; las primeras deben ser conocidas por todos los miembros de la sociedad e interviene cuando existe una infracción, mientras que las segundas interviene durante toda la vida y sólo la conocen quienes la establecen a partir de un cierto saber (Ávila Fuenmayor; 2006:222). Este último no necesita el uso de la fuerza o represión, sino que es asimilado por los individuos quienes no solamente las aceptan, sino que también las transmiten. De esta manera los individuos van a percibir el poder como algo normal y hasta natural dentro de las sociedades:

                 El Poder es para nosotros un hecho natural. Por lejos que se remonte la memoria colectiva, ha presidido siempre los destinos humanos. Y también en nuestros días su autoridad encuentra en nosotros el apoyo de sentimientos muy antiguos que, en sus formas sucesivas, ha ido inspirando sucesivamente. (de Jouvenel; 2011:19).

     El poder en una sociedad no se va a oponer a la libertad, en el sentido que la mayoría de sus individuos obedecen las leyes y pautas dictadas por la estructura política de forma espontaneas;  de esta manera, la libertad se nos presenta como la condición necesaria para el ejercicio del poder, ya que de no de ser así ésta última no existiera en donde se ejerce el poder, ya que no se puede someter a sujetos que no estén libres; en este sentido, la relación entre el poder y la negativa al sometimiento de la libertad, no pueden ser separadas. En este sentido, el poder sólo puede ser ejercido sobre sujetos libre, es decir, sobre aquellos individuos o grupos que pueden tener las posibilidades de conducirse de forma autónoma: “Donde los factores determinantes saturan el todo, no existe relación de poder; la esclavitud, cuando el hombre está encadenado, no es una relación de poder, -en este caso se trata de una relación física de represión.” (Foucault; 1991:87). El poder político al institucionalizarse en la estructura política y al estar legitimado a través de diferentes medios que les permite hacer uso de la fuerza y la represión para dominar a todos los individuos dentro de una sociedad, se va a constituir no solo como un poder legítimo, sino además va a ser percibido como un poder natural y hasta necesario por la mayoría de sus individuos, quienes no solamente van a aceptar ser dominados sino que incluso van a defender esta dominación; el fin de la estructura política es que los individuos obedezcan sin oponer resistencia.

                 EI problema crucial del poder no es el de la servidumbre voluntaria (¿cómo podríamos buscar el ser esclavos?), sino más bien en el centro mismo de la relación de poder y constantemente provocándolo, están la desobediencia de la voluntad y la intransigencia de la libertad. (Foucault; 1991:87).

     Dentro de las sociedades podemos encontrar diferencias acerca de lo bueno y lo malo, lo justo o injusto, etc.; cuando estas diferencias y discrepancias individuales no se resuelven de manera independiente, sino que además atentan con las ideas dominantes de orden y justicia, es cuando aparece el poder político para regular estas diferencias y discrepancias; “En este marco de incertidumbre, la política aparece como una respuesta colectiva al desacuerdo.” (Vallé; 2007:20). Para imponer este dominio utiliza la fuerza y la represión. Sin embargo, el uso de la fuerza y la represión deben estar legitimados a través de diferentes medios entre los que se encuentran las leyes, normas, tradición, etc., ya que de lo contrario difícilmente los individuos van a aceptar ser dominados de forma espontaneas. De esta manera, se nos va a presentar la estructura política no solamente para utilizar la fuera y la represión, sino también para legitimar el uso de la violencia a través de las leyes y  sus instituciones. En este sentido, la estructura política aparece no para cesar esta confrontación, sino más bien para crear relaciones de dominio y contener la inestabilidad que puede ocasionar el dominio de unos sobre otros. El poder político instaura relaciones de dominio utilizando la violencia de forma institucionalizada y es así como logra dominar a todos los miembros de la sociedad para lograr un orden y estabilidad. Por lo tanto la estructura política se nos presenta como un seguro colectivo para la sociedad, ante la amenaza de los conflictos que pueden ocasionar un derrumbe social; a través de la política, es posible que las tensiones, desequilibrio y desigualdades internas, puedan ser reguladas y que sean aceptadas por todas las partes; la política como acción colectiva, busca reducir el riesgo de desintegración social (Vallé; 2007:21).


     El poder político es inherente a toda sociedad, en el sentido que provoca el respeto y acatamiento de las leyes que la fundan, la defiende contra sus propias imperfecciones y limita  la competición entre individuos y grupos (Balandier; 1969:44). La estructura política aparece como forma institucionalizada del poder para lograr el dominio de un grupo sobre otro e imponer no solamente sus ideas acerca de los bueno y lo malo, la distribución de los recursos, etc., sino además para mantener sus posiciones privilegiadas dentro de la sociedad. Sin embargo, las leyes, ideas y demás obligaciones y asignaciones que impone la estructura política, provienen de aquellos grupos que detentan el poder. En las sociedades encontramos clases, grupos e individuos que gozan de una posición privilegiada incluyendo a los que detenta el poder político. Las leyes, normas, tradiciones, con que se legitima el poder político así como todos los medios utilizados por la estructura política, pertenecen a estos grupos privilegiados que no solamente detentan el poder político sino también son los que crean las leyes y las asignaciones obligatorias que son impuestas a todos los individuos. En este sentido, nos preguntamos ¿Qué permite que estos grupos privilegiados detenten el poder, controlen la estructura política y apliquen las leyes, normas y asignaciones por ellos creados? ¿Por qué son ellos y no otros? ¿Cómo la estructura política crea las condiciones para que estos grupos detenten el poder?