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lunes, 4 de julio de 2016

ETNOGRAFÍA: EL MÉTODO DE LA ANTROPOLOGÍA SOCIAL Y CULTURAL

     Todo acceso a un conocimiento determinado, requiere apoyarse bajo ciertos métodos de investigación (Parra Ramírez y Toro Jaramillo; 2006:15); éstos consisten en la observación de datos o hechos y la interpretación de su significado (Martínez Miguélez; 2004:100) y, a diferencia de la metodología, el método es más determinado y concreto, relacionándose con los procedimientos que nos llevan a la teorización del fenómeno estudiado (Díaz Narváez; 2009:129). En este sentido, un método de investigación se nos presenta como “…una cadena ordenada de pasos (acciones) basada en un aparato conceptual determinado y en reglas que permiten avanzar en el proceso de conocimiento, desde lo conocido a lo desconocido.” (Díaz Narváez; 2009:33). Los métodos de investigación abren un camino para la obtención de nuevos conocimientos, así como de teorías científicas (Díaz Narváez; 2009:33).

     Toda ciencia trata de desarrollar técnicas especiales, que les permitan llevar a cabo observaciones sistemáticas y que a su vez les pueda garantizar su interpretación (Martínez Miguélez; 2004:100). Sin embargo, tanto  la metodología, métodos y teorías se encuentran adaptados a cada ciencia en particular, estando condicionadas por la lógica interna y desarrollo de cada ciencia (Díaz Narváez; 2009:34), así como también por la naturaleza del objeto de estudio. En cuanto a las sociedades y culturas, se requiere adoptar métodos que se centren en la observación o una mirada fenomenológica que corresponda con la referencia del observador, ya que “La investigación social es una forma de conocimiento que se caracteriza por la construcción de evidencias empírica elaborada a partir de la teoría aplicando reglas de procedimiento explicitas.” (Baniolo, Dalle, Elbert y Sautu; 2005:14). En este sentido, para poder estudiar las distintas formas en que se expresa la realidad humana, éstas deben ser objeto de una esmerada observación dentro de su propio contexto en donde se realiza (Martínez Miguélez; 2004:123). De esta manera, muchos aspectos de la realidad social al ser más complejas de lo que se pensaba, deben ser estudiadas utilizando métodos que mantengan una mayor sintonía con la realidad a estudiar y que a su vez sean más integrados, sistémicos y estructurales, es decir métodos de naturaleza hermenéuticos (Martínez Miguélez; 2004:61). La antropología social y cultural mantiene una similitud con las demás ciencias sociales en cuanto al objeto de estudio ya que esta se centra en describir, analizar, interpretar y comprender los fenómenos sociales y culturales; por lo tanto requiere de métodos que se centren en la observación y descripción de grupos humanos dentro de su propio contexto. De esta manera la etnografía se nos presenta como el método por excelencia de la antropología, ya que ésta tiene como principio:

                …estudiar las culturas en su estado natural, en vez de intervenirlas con técnicas de encuesta o arreglos experimentales. Se trata de describirlas tal y como acontecen, aunque claro, ésta depende de la aceptación del realismo y la objetividad como aspiración última de cualquier metodología. (Hine; 2004:56).

     Miguel Martínez Miguélez (2004:183), afirma que tanto los resultados, así como los servicios brindados justifica la utilización de la etnografía como método de investigación para la antropología, además sus análisis, integridad, sensibilidad, precisión y posiciones teóricas, dependen de las descripciones etnográficas. La etnografía forma parte del proceso de investigación antropológico, estando conformada por un trabajo de campo y una monografía en donde se describe a una comunidad desde la observación participante y análisis de los datos observados, constituyendo así la base empírica del conocimiento antropológico (Aguirre Baztán; 1995:4). En este sentido, la etnografía junto con la etnología van a formar parte de la investigación antropológica, siendo ésta el primer paso consistente en la observación y descripción e interpretación de grupos humanos concretos, mientras que la etnología representa el análisis y síntesis que se puede efectuar de los datos proporcionados por la etnografía, cuya síntesis representa el conocimiento antropológico. De esta manera, la etnografía se rehúsa a teorizar con los datos obtenidos, separando la descripción e interpretación, de la teoría, lo cual esto último le corresponde a la etnología (Palerm; 1997:26).

     La etnografía busca describir de forma completa y exhaustiva una cultura (Palerm; 1997:26). Ésta se ubica dentro de un plano descriptivo, cuya actividad se realiza en el terreno, es decir en el lugar sometido a examen (Levi-Strauss; 1976:75). Claude Lévi-Strauss (1987:64), realiza una comparación entre la etnografía e historia, mencionando primeramente  que ambas estudias sociedades que no son en las que vive el investigador: en la primera existen un distanciamiento espacial, en la segunda un distanciamiento a través del tiempo; ambas tienen en común su intento por reconstruir a la sociedad estudiada, sin embargo, solamente logran ampliar una experiencia particular hasta alcanzar dimensiones generales la cual queda plasmado como una experiencia accesible para otras personas de otros lugares o tiempo. El etnógrafo recoge hecho y los presenta con el mismo rigor que un historiador, éste por su parte presente los hechos siempre y cuando existe un periodo de tiempo que se lo permita. En este sentido, podemos definir a la etnografía utilizando el concepto dado por Claude Lévi-Strauss (1987:50) quien la define como:

               …la observación y análisis de grupos humanos considerados en su particularidad (grupos elegidos a menudo entre aquellos que más difieren del nuestro, por razones teóricas y prácticas que no derivan en modo alguno de la naturaleza de la investigación) y que busca restituir, con la mayor fidelidad posible la vida de cada una de ellas…

     Clifford Geertz (2003:20), va a redefinir la etnografía manifestando que ésta debe ir más allá de simplemente seleccionar informantes, transcribir textos, establecer genealogías, trazar mapas del área, llevar un diario etc., sino más bien la etnografía se encuentra definida por un tipo de esfuerzo intelectual al que y, citando a Gilbert Ryle, califica como “descripción densa”. Esta descripción densa consistiría en ir más allá de una descripción superficial, en el que se interpretar desde el punto de vista de los participantes las expresiones de una cultura (Geertz; 2003:29). Es decir (y siguiendo el ejemplo expuesto por el mismo Geertz), supongamos que observamos dos expresiones que a simple vista se presentan de la misma manera: la contracción involuntaria de uno de los ojos o “tic”, y el “guiño” que es la misma contracción de uno de los ojos, pero a diferencia del “tic” éste se realiza de una manera deliberada. Una descripción superficial de ambas expresiones no nos dirá en sí qué significado ostentas cada una, ya que éstas no solamente pueden ser un “tic” involuntario o un “guiño”, sino que además si se está en presencia de un “guiño”, éste puede ostentar múltiples significados, todo depende de quién lo realice, dónde y por qué: “Las complejidades son posibles y prácticamente no tienen fin, por lo menos lógicamente.” (Geertz; 2003:22). Por lo tanto, debemos ir más allá de la simple descripción de lo observado, adentrándonos en una tarea interpretativa acerca del porqué se realiza tal o cual actividad, es decir: “Aquello por lo que hay que preguntarse es por su sentido y su valor: si es mofa o desafío, ironía o cólera, esnobismo u orgullo, lo que se expresa a través de su aparición y por su intermedio.” (Geertz; 2003:25).

     Para interpretar los significados presentes en una cultura, el investigador debe sumergirse en la vida cotidiana de las personas, de tal manera que nos permita acceder al conocimiento que ellos tienen de su situación y de sus condiciones de vida. En este sentido, la etnografía exige un acercamiento comunicativo entre el investigador y los sujetos investigados a través del contacto directo con las personas a estudiar, existiendo una comunicación directa y permanente con las personas; “La etnografía es un método que consiste en que el investigador se sumer­ja en el mundo que estudia e intente describirlo teniendo en cuenta el punto de vista de quienes lo viven…” (Ardévol y Gómez Cruz; 2011:192). De esta manera, la etnografía va a permitir, no solamente estudiar la realidad social y cultural a través de las mismas personas sino que además podemos describirla, interpretarla y experimentarla desde los mismos actores, lo cual nos llevará a comprender el hecho cultural que hemos decidido estudiar a través de las mismas personas. De esta manera, a partir de la etnografía podemos penetrar en la intimad del fenómeno cultural y estudiarlo a partir de los mismos actores y sin alterar su contexto original. La etnografía se nos presenta como un método que nace desde la antropología, que nos permite comprender una cultura interrelacionándonos  directamente con las personas, de tal manera que sean ellos los que nos digan por qué realizan tal o cual actividad, en el que el trabajo del investigador se limita a realizar una labor interpretativa acerca del porqué se realiza tal o cual actividad. La etnografía busca adentrarse en los senderos de la cotidianeidad del comportamiento humano entre las distintas formas en que éstos se manifiestan para de tal manera poder entender esos movimientos desde la mirada tanto del investigador como del que intenta revelar su mundo (Cedeño Pérez; 2005:3). En este sentido la etnografía prioriza no la opinión del investigador, sino más bien la de los sujetos investigados:

                 En respuesta a las críticas esgrimidas desde posturas positivistas o cuantitativas, la etnografía se ha adjudicado la producción de una comprensión auténtica de la cultura, basada en conceptos que emergen del estudio y que no se imponen a priori por el investigador. (Hine; 2004:56). 

     La etnografía se caracteriza por realizarse en el mismo lugar en donde se encuentra la cultura a estudiar, materializado en lo que se conoce como trabajo de campo antropológico o etnográfico. Las actividades que realiza el antropólogo dentro la cultura que pretende estudiar, y que consisten en trasladarse al sitio, convivir dentro de la comunidad, practicar sus mismas actividades y vivir el fenómeno cultural por sí mismo, observando, documentando, recopilando y registrando todo tipo de datos pertinentes para la investigación, suelen denominarse trabajo de campo. En este sentido podemos definir el trabajo de campo como el periodo de estadía más o menos prolongado, en el que el investigador permanece en una comunidad de tal manera que pueda conocer la cultura objeto de estudio (Díaz de Rada y Velasco; 2003:18). La etnografía va a estar basada en el trabajo de campo que consiste en participar en la vida cotidiana de una cultura objeto de estudio, tratando de acceder al punto de vista de las mismas personas, observando y registrando todo lo vivido. Es así, como vamos a encontrar afirmaciones como las de Marc Augé y Jean-Paul Colleyn (2005:31), que expresan que el método de la antropología consiste en el trabajo de campo, la observación participante y la comunicación directa con los sujetos sociales y su interpretación del mundo. El trabajo de campo no es toda la etnografía, pero sin éste la etnografía no sería posible.

    En cuanto a considerar el trabajo de campo como técnica de investigación o método, debemos mencionar, tal como afirma Julio Teddy García Miranda (2006:59) que algunos antropólogos lo consideran como una técnica de investigación por el hecho que éste se utiliza como medio para un vínculo entre el investigador y los datos recogidos y un acercamiento sensorial a la realidad, sin embargo, existen antropólogos que consideran el trabajo de campo como un método de investigación etnográfico, en el sentido que más que una recogida de datos el trabajo de campo consiste en una relación dialéctica entre la teoría y la práctica ya que para llevar a cabo un trabajo de campo se requiere de una formación teórica metodológica, junto con la aplicación de diversas técnicas y herramientas de investigación (García Miranda; 2006:59). En este sentido, el trabajo de campo en la antropología social y cultura, se presenta como la actividad fundamental de todo trabajo antropológico y etnográfico, mientras que la aplicación del trabajo de campo en otras disciplinas se puede presentar como una técnica de investigación. En este sentido, el trabajo de campo etnográfico, más que una técnica se nos presenta como un método.

      En cuanto a los orígenes del trabajo de campo en antropología, Julio Teddy García Miranda (2006:59), describe que éste se encuentra a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando antropólogos como Boas, Pit Rivers y Fraser entre otros, en su intención de transformar la antropología en una ciencia inductiva positivista, propusieron una nueva forma de investigación cultural, que consistía en permanecer durante un cierto periodo de tiempo en la comunidad a estudiar aprendiendo los elementos básicos de la lengua nativa; es así como en su intención de transformar a la antropología, el trabajo de campo pasaría a ser el método por excelencia de la antropología social y cultural, siendo a partir de los trabajo de Malinowski y Radcliffe-Brown, en donde alcanzaría mayor importancia, siendo de esta manera, como se consolidó el trabajo de campo como el principal método para practicar la etnografía y ésta a su vez en la materia prima para el análisis etnológico y antropológico. Más tarde los trabajos de Malinowski, Ruth Benedic, Margaret Mead y Steward, es que los antropólogos del siglo XX van a privilegiar el trabajo de campo y se va a afirmar que la investigación antropológica es poco menos que imposible sin el trabajo de campo (ibídem). Julio Teddy García Miranda (2006:60), manifiesta que desde sus inicios la producción del conocimiento en la antropología se ha a sustentando en el trabajo de campo. Éste representa la experiencia constitutiva de la antropología, porque distingue a la disciplina, cualifica a sus investigadores y crea el cuerpo primario de sus datos empíricos (Stockig citado en Monistrol Ruano; 2007:1). De esta manera, encontramos afirmaciones como las de Juan Manuel Delgado y Juan Gutiérrez (1999:143), quien nos menciona que se suele considerar que toda investigación etnográfica para ser considerada como tal, debe estar basada en un trabajo de campo.

     En sus inicios, se consideraba que el trabajo de campo era necesario por el hecho que sólo mediante éste y la observación participativa, era posible describir e interpretar a una cultura, para tal fin el investigador debía instalarse en la comunidad practicando sus costumbres (García Miranda; 2006:60). Según afirmaba Boas (citado en: García Miranda; 1995:59), es solo mediante una estadía más o menos prolongada en una comunidad o cultura viviendo con sus habitantes, conociendo su cultura y su funcionamiento, que era posible entender una cultura; “En efecto, la interpretación de una cultura sólo puede hacerse observándola desde el interior, para lo que es necesario haber convivido con ella en una relación cotidiana intensa” (García Miranda; 1995:60). De igual manera, encontramos antropólogas como Margaret Mead (citado en: García Miranda; 1995:60) quien mencionaba en torno al trabajo de campo, que había que acostumbrarse a vivir con las carencias y la falta de servicios, conocer y aprender sus gustos, sabores y olores, así como su lengua y sus formas de comportamiento para poder entender e interpretar esa forma de vivir desde adentro. En este sentido el trabajo de campo representa el eje de la idiosincrasia disciplinar de la antropología social y cultural en donde la observación participante desempeña un papel fundamental (Delgado y Gutiérrez; 1999:143).

     Más que un desplazamiento físico, el trabajo de campo etnográfico debe estar basado en la experiencia vivida por parte del investigador. Es por ello que la etnografía y principalmente el trabajo de campo, ha utilizado como una de sus principales técnicas la observación participante. Esta última puede definirse como “…un proceso caracterizado, por parte del investigador, como una forma consciente y sistemática de compartir, en todo lo que permita las circunstancias, las actividades de la vida, y, en ocasiones, los intereses y afectos de un grupo de personas.” (Kluckholm. Citado en: Anguera Argiloga; 1995:77). Para ello se va de la observación a la participación, del cuestionario a una entrevista y de la pregunta a la respuesta, lo que exige la presencia del observador pero sin alterar su desarrollo. Toda observación participante debe responder preguntas como de quién, qué, dónde, cuándo, cómo y por qué de las acciones. La observación participante se encuentra inevitablemente asociada a la práctica antropológica (Delgado y Gutiérrez; 1999:143), e incluso se considera que solo es posible describir e interpretar una cultura a través de una observación directa participante (García Miranda; 2006:60); ésta nos aporta un conocimiento directo y experiencial de la cultura (Aguirre Baztán; 1995:11). Aunque debemos agregar que “La observación participante no subsume al trabajo de campo, pero no sería posible fuera de él.” (Díaz de Rada y Velasco; 2003:18). De esta manera, es como la etnografía busca describir de forma completa y exhaustiva una cultura, observando y participando de manera directa en la vida cotidiana de las personas, para ello, observa lo que pasa, escucha lo que dicen, pregunta cosas y usa los mismos espacios con el fin de recoger gran cantidad de datos que le permita esclarecer los temas que al investigador le interesa (Cedeño Pérez; 2005:3). En este sentido, la etnografía, tiene como principal propósito revivir por sí mismo la experiencia y relatarla desde su propia vivencia, como si fuese uno de ellos:

                  Estas descripciones conforman una relación en la que el etnógrafo forma parte de esa experiencia extensa y sólida del sitio de campo; experiencia que el lector difícilmente podría tener (además de una distancia analítica que los participantes, en principio, no son capaces de compartir).” (Hine; 2004:61).

     En una etnografía tanto la descripción así como la interpretación, debe estar basado no solamente en los testimonios de los miembros de una cultura, sino también en la experiencia vivida por el investigador en la realización del trabajo de campo, quien a través de la observación participante debe haber vivido por sí mismo las prácticas culturales a estudiar. En este sentido, al vivir por sí mismo la experiencia cultural, la etnografía como método no se limita simplemente a una recogida e interpretación de los datos, sino también se describe el contexto que produce esos datos, permitiendo de esta manera no solamente una descripción e interpretación de los datos, sino también revelar cómo se produce y reproduce el dato en un contexto cultural determinado, es decir cómo se produce y reproduce una práctica cultural, lo que permite revelar la estructura que produce cada uno de los datos, alcanzando de esta manera una comprensión del objeto de estudio, es decir de la práctica cultura estudiada y esto a su vez representa la singularidad de la etnografía y el trabajo de campo con otros métodos de investigación. La singularidad del trabajo de campo etnográfico y la observación participante, se encuentra en que no solamente nos permite una recolección de datos sino también comprender el contexto que produce esos datos; “No es que la experiencia del trabajo de campo tenga un poder misterioso, pero sin ella la etnógrafa no encontraría el contexto -los olores, sonidos, signos, tensiones, emociones, etc.- de la cultura, que intenta evocar en el texto escrito.” (Wolf, citado en: Hine; 2004:61).

     Aunque suele considerase a Malinowski como el principal precursor del trabajo de campo en antropología, “El capítulo introductorio de los Argonautas puede considerarse la carta fundacional del trabajo de campo antropológico.” (Díaz de Rada y Velasco; 2003:20), su aplicación en sí no necesariamente debe llevarse a cabo tal como él lo forjó, ya que tal como afirma Díaz de Rada y Velasco (2003:20 su aplicación debe adaptarse a las características de los grupos humanos y comunidades que se quiere estudiar y en donde se va a convivir. En este sentido, no existe un criterio único para la aplicación del trabajo de campo ya que éste debe adaptarse a cada grupo humano o situación en donde se llevará a cabo. Sin embargo, es necesario seguir con ciertos pasos en el que se encuentra la redacción del proyecto de trabajo de campo, en el que se debe especificar el lugar escogido, tiempo estimado, informantes claves, técnicas de investigación, etc. Antes de comenzar el trabajo de campo es necesario diseñar un proyecto en el que no solamente se prepara al investigador para la entrada al campo, sino también, se identifican temas, escenarios y se elaboran las guías de generación de información (Monistrol Ruano; 2007:2).

     Ángel Aguirre Baztán (1995:6), afirma que el proceso etnográfico corresponde al trabajo de campo, el cual ser realiza a través de la observación participante y comprende los siguientes pasos:

1. Demarcación del campo: comienza con la elección de una comunidad concreta para realizar el trabajo de campo, a éste le sigue la redacción de un proyecto de trabajo de campo, en el que se debe especificar qué comunidad se va a estudiar, los objetivos que se pretenden lograr con el trabajo de campo, los medios técnicos con que se cuenta y su duración y financiación (Ob. Cit. 9).
2. Preparación y documentación: se encuentra dirigida a consultar documentos bibliográficos y de archivo, éstos se presentan como una fuente de información previa sobre la cultura a estudiar y ésta a su vez es complementada por la utilización de fuentes orales (Ob. Cit. 10).
3. La investigación de campo: comienza con la llegada e inmersión al lugar, la selección de informantes claves, el registro de datos que van desde la descripción del lugar y comportamiento social de los miembros de la comunidad, la aplicación de entrevistas o encuestas y la observación participante (Ob. Cit. 11).
4. Conclusión: la terminación del trabajo de campo y posterior reordenamiento de los datos (Ob. Cit. 14).

     En cuanto a su duración, éste debe finalizarse, o bien porque ha concluido la recogida de datos sobre los aspectos fundamentales de la cultura estudiada, o bien por circunstancia anómalas (Ob. Cit. 14).

     El diseño de la investigación etnográfica se nos presenta flexible en su planificación e implantación, ya que entre otras cosas es el mismo investigador quien decide a dónde ir, con quién conversar, qué datos recoger, a quién entrevistar, las técnicas a utilizar, etc. (Martínez Miguélez; 2004:81). La etnografía consiste en una descripción abierta, lo que implica que su diseño se presenta como algo superfluo (Atkinson y Hammersley; 1994:42). En este sentido, el modelo de investigación etnográfico resulta flexible pues no requiere de un diseño extensivo previo al trabajo de campo e incluso la orientación de la investigación puede ser cambiada a partir de los requerimientos de la elaboración teórica (Atkinson y Hammersley; 1994:38). De igual manera, la etnografía casi no necesita preparación previa, además de ser investigaciones no programadas y su práctica se constituyen por lo inesperado (Atkinson y Hammersley; 1994:41).

     Una vez que se ha planteado uno o varios problemas de investigación, el etnógrafo no solamente debe seleccionar los lugares y casos de investigación (Atkinson y Hammersley; 1994: 53), sino también debe decidir dónde y cuándo observar, con quién conversar, así como qué información registrar y cómo hacerlo (Atkinson y Hammersley; 1994:59). También, es necesario que el lugar escogido sea pertinente al problema de investigación; “….hay que enfatizar que en éste se debe encontrar la información que se busca, ya que ambos aparecen en estrecha interdependencia.” (Atkinson y Hammersley; 1994:54).

     Una vez escogido el lugar en donde se va a realizar el trabajo de campo, el investigador debe realizar todo lo necesario para poder adentrarse en el mismo. De igual manera es necesario seleccionar y justificar las técnicas de generación de información (observación participante, grupos focales, entrevistas individuales, etc), y por último debe seleccionar informantes clave, porteros, participantes y sus características (Monistrol Ruano; 2007:2).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Atkinson, P. y Hammersley, M. (1994). Etnografía. Métodos de investigación. Barcelona: Paidós Básica.
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Baniolo, P. Dalle, P. Elbert, R. y Sautu, R. (2005). Manual de metodología: Construcción del marco teórico, formulación de los objetivos y elección de la metodología. Buenos Aires: CLACSO.
Cedeño Pérez, M. C. (2005). Relaciones sociales y prácticas de apropiación espacial en los parques públicos urbanos. (Tesis para optar al título de doctora. Universidad de Barcelona). Recuperado de:http://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/715/04.MCP_RESULTADOS_CONCLUSIONES.pdf;jsessionid=A64CC717E11D1A8DF22CDA855FC2FE9A.tdx1?sequence=4
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sábado, 2 de julio de 2016

LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA EN ANTROPOLOGÍA: DE LO CONSCIENTE EMPÍRICO A LO INCONSCIENTE ESTRUCTURAL

     El conocimiento científico es uno de los diversos conocimientos que puede adquirir el ser humano (Parra Ramírez y Toro Jaramillo; 2006:16). Es así, como la ciencia se nos presenta como una manera de conocer la realidad, y además sirve para estudiar la naturaleza, la sociedad y los individuos (Echeverría; 1989:1). En este sentido, la ciencia podría definirse como una “…forma de conciencia social y constituye un sistema de conocimientos acerca de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento que representa el reflejo de las leyes del mundo objetivo en forma de conceptos, sistemas de símbolos, hipótesis, juicios y teorías.” (Díaz Narváez; 2009:47). Sin embargo, actualmente existen diversos criterios en cuanto a considerar qué es científico y qué no es. Para nosotros, la investigación científica consiste en revelar y estudiar la realidad estructural y no empírica que le da vida y determina la aparición y funcionamiento de lo concreto observable.

     Las investigaciones en antropología pueden ser consideradas una actividad científica, ya que detrás de su objeto de estudio que es la cultura y las relaciones sociales, se esconde una realidad estructural, no empírica e inconsciente que le da vida a lo concreto, observable y consciente. Claude Lévi-Strauss (1987:66), manifiesta que detrás de todo testimonio y expresión de la cultura se encuentra una realidad que no es manifestada por las personas: “…no cabe duda de que las razones inconscientes por las que se practica una costumbre o se comparte una creencia están muy alejadas de aquellas que se invocan para justificarlas.”; para Claude Lévi-Strauss, el objeto de estudio de la etnología se encuentra en las condiciones inconsciente de los hechos sociales. En este sentido, manifiesta la necesidad de alcanzar la estructura inconsciente que subyace en cada institución o cada costumbre, de tal manera que podamos obtener un principio de interpretación válido (Lévi-Strauss, 1987:68). De esta manera, encontramos afirmaciones como las de Maurice Godelier (1976:302) quien manifiesta al referirse al funcionalismo, que éste al dirigir su estudio a las relaciones sociales visibles, deja de descubrir la lógica subyacente de estas realidades visibles y a sus condiciones estructurales y circunstanciales de su aparición: “Tanto para Lévi-Strauss y Marx, las estructuras, las cuales constituyen la lógica profunda del sistema social el orden subyacente a partir del que debe el orden aparente, forman parte de una realidad no observable.” (Godelier; 1976:304). Por lo tanto, no solamente se estaría delimitando el objeto de estudio de la antropología, sino que además al dirigir los estudios antropológico hacia una instancia estructural e inconsciente que determina lo concreto y consciente, ésta estaría adquiriendo carácter de cientificidad al acceder, revelar y describir aquellas realidades no empíricas e inconscientes que le dan vida a lo observado y consciente de la cultura y la sociedad. 

                   …Marx enseñó que la ciencia social ya no se construye en el plano de los acontecimientos, así como tampoco la física se edifica sobre los datos de la sensibilidad: la finalidad es construir un modelo, estudiar sus propiedades y las diferentes maneras cómo reacciona en el laboratorio, para aplicar seguidamente esas observaciones a la interpretación de lo que ocurre empíricamente, y que puede hallarse muy alejado de las previsiones. (Lévi-Strauss; 1988:61).

     Al comparar los fenómenos físico-naturales con los fenómenos socio-culturales, encontramos que en efecto, en ambas existe una realidad estructural no empírica que determina la aparición y funcionamiento de lo concreto observable. Sin embargo, ambos fenómenos mantienen diferencias significativas que implica que el acceso a esa realidad estructural se lleve a cabo por diferentes caminos. Mientras que las ciencias naturales, pueden mediante la utilización de leyes generales, explicar casos particulares y generalizarlos, las ciencias sociales por su parte se limitan a comprender los casos particulares sin explicarlos, ya que cuando hablamos de poder explicativo significa capacidad predictiva, es decir, capacidad de predecir no solamente qué puede suceder en situaciones futuras, sino también cómo se encontraba el fenómeno anterior a su observación, algo que actualmente no es posible en las ciencias sociales. La conducta humana individual es impredecible, sin embargo, es posible llegar a comprender los motivos que la impulsan y determinan. Por lo tanto, la antropología se limita solamente a comprender su objeto de estudio; pueden describir, analizar, documentar, pero sólo a nivel superficial; las causas estructurales de los fenómenos sociales (actualmente) no es posible explicarlos, solamente se pueden llegar a comprender.

     Las ciencias naturales pueden explicar los fenómenos físico-naturales mediante la observación y análisis de los elementos que lo componen. En los fenómenos físico-naturales, el todo es la suma de sus partes y además, aunque sus elementos se desenvuelvan dentro de un contexto especifico, estos elementos poseen sus propias leyes de movimiento, en este sentido, la estructura en donde se encuentra no determina sus movimientos, sino más bien son las leyes de movimiento de los elementos los que determinan la estructura y su funcionamiento; en los fenómenos físico-naturales la estructura es la suma de sus partes, ya que los elementos al tener vida propia, son los que forman la estructura. En este sentido, es posible generalizar y predecir los movimientos de los elementos que conforman los fenómenos físico-naturales, independientemente de la estructura en donde se encuentre; pueden generalizar al encontrar estos elementos en otros contextos porque tienen sus propias leyes de movimiento, por lo tanto no están determinados por la estructura en donde se encuentren, sino más bien es la estructura la que está determinada por sus elementos.  En este sentido, no solamente se puede predecir el movimiento de los elementos, sino se puede predecir el funcionamiento de la estructura. En cuanto a los fenómenos socio-culturales, ocurre todo lo contrario. En los fenómenos sociales y culturales el todo no es la suma de sus partes, sino más bien cada uno de sus elementos está determinado por la estructura en donde se encuentre; esta última es la que determina los movimientos de sus elementos (la conducta humana individual está determinada por la estructura social); aunque se logre quitar uno de sus elementos, estas estructuras van a seguir funcionando de la misma manera, algo que no ocurre en los fenómenos físicos-naturales. Los fenómenos socio-culturales son estructuras complejas con variables que interactúan entre sí, en donde el todo no es la suma de sus partes y en donde sus elementos están condicionados por la estructura; sus elementos fuera de esa estructura no tiene significado y por ende no existe. Por lo tanto las ciencias sociales no pueden generalizar ni explicar los fenómenos, porque sus elementos dependen de la estructura en donde se encuentren, por lo tanto estos elementos no poseen leyes de movimiento propias. De esta manera, si se quiere llegar a conocer como se encuentra estructurada una realidad psíquica, social o cultural, se debe partir no de elementos aislados, sino más bien hay que abordar la realidad como un todo y en su ambiente natural (Martínez Miguélez; 2004:72), ya que en una totalidad organizada lo que ocurre en el todo no se puede deducir de sus elementos individuales, sino más bien lo que ocurre en una parte del todo lo determinan las leyes internas de la estructura que lo conforman; el todo no se explica por las partes, sino que son las partes las que por su inserción en el todo, reciben significado (Wertheimer citado en: Martínez Miguélez; 2004:188). Por tal motivo en ciencias naturales se parte de la inducción, mientras que en ciencias sociales se parte de la deducción. En los fenómenos socio-culturales, se trata de estudiar a ese todo integrado, identificando básicamente la naturaleza profunda de las realidades, de su estructura dinámica, la cual da razón plena de su comportamiento y manifestaciones (Martínez Miguélez; 2004:8). En ciencias sociales y antropología se estudia a sus elementos en conjunto hasta hallar la estructura que les da vida:

                 La antropología social a nacido del descubrimiento de que todos los aspectos de la vida social –económico, técnico, político, jurídico, estético, religioso- constituyen un conjunto significativo, siendo imposible comprender uno cualquiera de estos aspectos si no se lo coloca en medio de los demás. La antropología social tiende a ir del todo a las partes, o por lo menos a otorgar prioridad lógica al primero sobre las segundas. (Lévi-Strauss; 1987:369).

     Al ir del todo a las partes y el hecho de no poder estudiar la realidad socio-cultural a partir de sus elementos, implica que la actividad científica en antropología solamente se limita a comprender el objeto de estudio. Para Claude Lévi-Strauss (1988:61), comprender implica reducir una realidad específica, a otra realidad subyacente, siendo esta última el plano de lo real y no la realidad manifiesta, ya que la naturaleza de lo verdadero, se trasluce en el cuidado que se pone en sustraerse, por lo tanto, la cuestión radica en la relación de lo sensible con lo racional en cuyo caso se buscará integrar lo sensible con lo racional sin sacrificar sus propiedades. En este sentido, el comprender una práctica social o cultural, implica captar las relaciones internas, profundas y estructurales que la animan o impulsa. Este proceso se lleva a cabo a través de la abstracción de la realidad concreta u observada para posteriormente realizar una reordenación de esos componentes y así poder mostrar la realidad subyacente a través de otra realidad concreta. Karl Marx (2008:301), cuando describe “el método de la economía política” primeramente señala que al considerar el sistema económico-político de un país dado, se debe partir de lo concreto, es decir de la realidad observada. Sin embargo, aquel hecho concreto en sí, en palabras de Marx, se presenta como falso, ya que lo concreto no es más sino una representación caótica del conjunto ya que no nos muestra sus componentes y elementos que le dan vida, en este sentido lo concreto, es decir lo observado, debe abstraerse en sus componentes determinantes para así comenzar un proceso de análisis y reestructuración de estos componentes; el resultados será el acceso a esa otra realidad no observada que ya no será una representación caótica, sino más bien nos mostrará todo el conjunto de relaciones y determinaciones que le dan vida; es decir que una vez identificada una realidad concreta, se debe llevar a cabo un proceso de abstracción de lo concreto de tal manera que nos conduzca a otra realidad concreta, es decir llevar a cabo un proceso que va de los concreto a lo abstracto y de los abstracto a lo concreto, para así poder realizar una labor científica alcanzando unos resultados objetivos.

     Cuando decimos que la investigación científica en antropología consiste en ir de lo consciente empírico a lo inconsciente estructural, quiere de decir que toda investigación antropológica comienza con la observación del fenómeno, es decir con la realidad concreta observable y consciente. Todo estudio científico de la sociedad y la cultura comienza con la observación del hecho concreto, por lo tanto requiere de una metodología que se centre en la observación, o una extensión fenomenológica que corresponda con la referencia del observador, ya que: “La investigación social es una forma de conocimiento que se caracteriza por la construcción de evidencias empírica elaborada a partir de la teoría aplicando reglas de procedimiento explicitas.” (Baniolo, Dalle, Elbert y Sautu; 2005:14). Sin embargo, no se debe realizar cualquier tipo de observación, sino más bien  se trata de una observación que busca captar los elementos que permitan hallar la estructura que les dan vida, es decir, se debe abstraer la realidad observada. Al centrarnos en explorar el contexto estudiado (es decir el fenómeno objeto de observación) se busca describir de forma detallada y completa la situación en general, de tal manera que permita captar la realidad subjetiva que subyace a la acción social de los individuos (Parra Ramírez y Toro Jaramillo; 2006:24). En este sentido, debemos primeramente realizar un proceso de abstracción de la realidad concreta observable de tal manera que nos permita reunir un registro de lo observado, organizar la información y llegar a conjeturas acerca del porqué de lo observado:

                 En la vida social, la antropología ve un sistema cuyas partes de hallan todas orgánicamente ligadas entre sí; reconoce de buen grado que, para profundizar el conocimiento de ciertos tipos de fenómenos, es indispensable descomponer un conjunto, tal como lo hacen el psicólogo social, el jurista, el economista, el especialista en ciencias política. (Lévi-Strauss; 1987:376).

     El proceso de abstracción de la realidad concreta observable, no se limita solamente a la observación, sino también a la interacción y testimonios  de las personas ya que los fenómenos sociales y culturales no se limitan solamente a hechos concretos observable, sino que además están conformados por individuos que son los portadores de los significados que le dan vida a las estructuras de la sociedad y la cultura. En este sentido, los datos no solamente deben venir de la observación, sino también de la interacción con las personas que le dan vida al fenómeno social o cultura a estudiar. Sin embargo, los testimonios de las personas no nos revela en sí la estructura que los produjo ya que esta estructura es inconsciente para los individuos; todo testimonio y expresión consciente de los seres humanos no nos dice la verdadera realidad subyacente que determina las expresiones conscientes; toda conducta humana está determinada por una realidad estructural e inconsciente “…cuando hablamos, no sabemos lo que decimos, pues no somos dueño de la estructura que genera nuestro decir.” (Canales y Peinado; 1999:291). El individuo aunque es dueño de sus opiniones y acciones, sin embargo no es dueño de las estructuras que la generan. Claude Levi-Strauss (1987:66), expresa que es muy difícil encontrar una explicación razonable acerca de una costumbre o institución; aunque sus explicaciones pueda parecer muy razonable, sin embargo, éstas deben ser consideradas de tipo secundario, ya que las razones inconscientes por las que se practica una costumbre no se encuentran dentro de estas explicaciones. Cuando el etnólogo encuentra que cada una de las explicaciones dadas por los miembros de una cultura, se consiguen con explicaciones secundarias o superficiales y poco racionales acerca de sus costumbres e instituciones (Lévi-Strauss; 1987:66). Escasamente los miembros de una cultura se dan a la tarea de reflexionar acerca del origen y naturaleza por el cual se realiza alguna costumbre o práctica cultural, sólo se nos presentan explicaciones superficiales que no expresan su origen inconsciente (Lévi-Strauss; 1987:66). Sin embargo, Claude Lévi-Strauss nos dice que la etnología no puede obviar las expresiones conscientes, ya que a partir de ellas y mediante una marcha regresiva, podemos eliminar todo lo del acontecimiento y reflexión, que nos permita alcanzar, más allá de la imagen consciente, un inventario de posibilidades inconscientes (Lévi-Strauss, 1987:70). En las culturas encontramos una instancia inconsciente que no es manifestada por los miembros de una cultura, sin embargo, las categorías inconsciente que determinan en última instancia el funcionamiento de la magia, la religión o lingüística, debe buscarse a partir de los testimonios y observación de los participantes (Lévi-Strauss; 1987:24). En este sentido, los datos extraídos como producto de los testimonios e interacción, no solamente deben ser interpretados sino también reestructuraros en categorías hasta hallar la estructura que los produjo. Los testimonios y opiniones individuales, tan solo son fragmentos de la estructura que los determinan, por tal motivo debemos categorizarlos. En este sentido, para poder descubrir y comprender la estructura que le da vida a los fenómenos sociales y culturales, debemos no solamente estudiar la realidad como un todo sino también debemos estudiar a sus miembros en conjunto y no de forma individual, es este sentido, los testimonios que recogemos de las personas deben ser tomados como partes de un todo para posteriormente reducirlos a categorías.

     Toda investigación científica tiene como fin exponer una teoría sobre el objeto estudiado. Miguel Martínez (2002:102) nos sugiere que la mejor manera de comenzar la teorización, es mediante el proceso de integración de categorías menores en categorías más generales de tal manera que se logre construir una gran categoría general más amplia, más estructurada y más compleja, que integre y una a las demás categorías. En este sentido para hacer una teoría se debe: “…percibir, comparar, contrastar, añadir, ordenar, establecer nexos y relaciones y especular; es decir, que el proceso cognoscitivo de la teorización consiste en descubrir y manipular categorías y las relaciones entre ellas.” (Martínez Miguélez; 2002:90). Una vez completado el proceso de categorización con los datos extraídos, debemos estructuras las categorías de tal manera que muestre la realidad oculta, estructural, no empírica e inconsciente, lo que a su vez nos va a permitir exponer una teoría del fenómeno cultural o social estudiado, es decir por qué, y cómo ocurre este fenómeno. Esta teoría se nos presenta, según afirma Miguel Martínez Miguelez (2002:88), como un modelo no observable, que nos ofrece una estructura conceptual inteligible, sistemática y coherente para ordenar los fenómenos, es decir una manera de mirar los hechos, de organizarlos y conceptuarlos relacionando sus partes constituyentes:

Una teoría es una construcción mental simbólica, verbal o icónica, de naturaleza conjetural o hipotética, que nos obliga a pensar de un modo nuevo al completar, integrar, unificar, sistematizar o interpretar un cuerpo de conocimiento que hasta el momento se consideraba incompletos, imprecisos, inconexos o intuitivos. (Martínez Miguelez; 2002:88).

     Es solo a través de una teoría, que podemos ir más allá de esa realidad concreta observable y consciente. Este proceso se lleva a cabo a través de la interpretación y reestructuración de los datos extraídos de la realidad concreta observable, es decir, de la abstracción de la realidad; los datos extraídos deben ser clasificados en categorías y estas categorías a su vez reclasificadas hasta hallar la estructura, es decir la realidad estructural no empírica e inconsciente. En las ciencias naturales los datos confirman una teoría; la teoría antecede los datos. En antropología la teoría confirma los datos; los datos anteceden la teoría.

     La investigación científica en antropología tiene como su principal característica estudiar la realidad a través de las mismas personas, por lo tanto las teorías antropológicas surgen de los mismos datos encontrados. Los datos que se recogen en el campo son categorizados e interpretados, las categorías surgen de la recogida de datos en el trabajo de campo. Las conclusiones vienen de los mismos datos. Los datos que se recogen en el trabajo de campo deben venir de las mismas personas que le dan vida al fenómeno sociocultural a estudiar. Sin embargo, lo que expresan y manifiestan las personas, tal como hemos manifestado, no nos dice la verdadera realidad del fenómeno; la verdadera realidad de los fenómenos sociales se encuentra oculta, en el que a partir de los testimonios de las personas, se deben interpretar y categorizar y en base a esta categorización realizar la teorización del fenómeno, es decir exponer la otra realidad no empírica e inconsciente que le da vida a la realidad empírica y consciente.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Baniolo, P. Dalle, P. Elbert, R. y Sautu, R. (2005). Manual de metodología: Construcción del marco teórico, formulación de los objetivos y elección de la metodología. Buenos Aires: CLACSO.
Díaz Narváez, V. (2009). Metodología de la investigación y bioestadística. Santiago de Chile: R.I.L editores.
Echeverría,  J. (1989). Introducción a la metodología de la ciencia: la filosofía de la ciencia en el siglo XX. Barcelona: Editorial Barcanova. S.A.
Godelier, M. (1976). Antropología y economía. ¿Es posible la antropología económica? En: Godelier, M (Comp.). Antropología y economía. Barcelona: Anagrama.
Lévi-Strauss, C. (1987). Antropología estructural. Barcelona: Paidos.
Lévi-Strauss, C. (1988). Tristes trópicos. Buenos Aires: Paidos.
Manuel, C. y  Peinado, A. (1999). Grupos de discusión. En: Delgado, J. y Gutiérrez, J. (1999). Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales. Madrid: Editorial SÍNTESIS.
Martínez Miguélez, Miguel. (2002). La investigación cualitativa etnográfica en educación. México, D.F: Ed. Trillas.
Martínez Miguélez, Miguel. (2004). Ciencia y arte en la metodología cualitativa. México, D.F: Ed. Trillas.
Marx, K. (2008). Contribución a la crítica de la economía política. Siglo Veintiuno: México, D.F.
Parra Ramírez, R. y Toro Jaramillo, J. (2006). Método y conocimiento: Metodología de la investigación.Medellín: Fondo Editorial Universidad EAFIT.
     

lunes, 27 de junio de 2016

LA CULTURA DESDE LA ANTROPOLOGÍA: SIGNIFICADOS, SIMBOLISMO, COMUNICACIÓN Y ESTRUCTURA

    El antropólogo Clifford Geertz (2003:19) afirma que la disciplina antropológica nace alrededor del concepto de cultura, la cual se ha preocupado por limitar, especificar, circunscribir y contener. Sin embargo, a pesar que la antropología tenga en la cultura a su principal objeto de estudio, a lo largo de su historia han aparecido distintos conceptos propuestos por antropólogos de renombre, que en base a sus investigaciones, han expresados distintos conceptos de cultura. En este sentido, aunque actualmente no contemos con un concepto que logre tener un consenso general, sí es posible encontrar aproximaciones que han abierto un camino para poder entender qué es la cultura y así profundizar en las investigaciones antropológicas. Al tener en la cultura a su principal objeto de estudio, implica que las investigaciones antropológicas dependan del concepto de cultura, por tal motivo debemos escudriñar y exponer desde la antropología no solamente qué es la cultura, sino también cómo aparece, cómo funciona, qué implica estudiar la cultura y qué podemos revelar al estudiarla. 

     En 1871. E. B. Tylor presentaba un concepto de cultura que va a representar todo un clásico dentro de la antropología, el cual consiste en un “Conjunto complejo que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y varias otras actitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad.” (Lerma Martínez; 2006:26). Este concepto vendría a representa el punto de partida en lo referente a los intentos de conceptualizar la cultura, e iba a ejercer influencia hasta la Segunda Guerra Mundial (Hurtado; 2006:30). Sin embargo existirán antropólogos como Clifford Geertz (2003:19) que aunque acepta su fecundidad, va a expresar que dicho concepto oscurece más las cosas de lo que revela. En este sentido creemos que más allá de exponer que la cultura se define a partir de costumbres o modos de vida compartidos por un grupo de individuos que viven en sociedad y que son transmitidos de generación en generación, creemos necesario ahondar más a fondo, de tal manera que podamos exponer no solamente qué son esas costumbres y modos de vida compartidos, sino también cómo aparecen y cómo funcionan.

     En torno al concepto de cultura de E. B. Tylor podemos inferir que la cultura no solamente se presenta como patrimonio de un determinado grupo social, sino también que ésta se adquiere no por transmisión biológica, sino más bien se transmite al ser miembros de una sociedad, por lo tanto también estaríamos en presencia de un proceso comunicativo (Lerma Martínez; 2006:26). En este sentido, cuando en dicho concepto se nos habla de adquirido, quiere decir que la cultura se transmite por aprendizaje social. De esta manera, podemos encontrar autores como Marvin Harris (2007:17), el cual define la cultura haciendo énfasis en ésta como un proceso de aprendizaje y transmisión social, definiéndola como: “…el modo socialmente aprendido de vida que se encuentra en las sociedades humanas y que abarca todos los aspectos de la vida social, incluidos el pensamiento y el comportamiento.”.

     Por su parte Franz Boas (1964:166), nos va a presentar un concepto de cultura que en primera instancia, no se encuentra muy alejado de E. B. Tylor ya que define la cultura como las “…actividades mentales y físicas que caracterizan la conducta de los individuos componentes de un grupo social, colectiva e individualmente, en relación a su ambiente natural, a otros grupos, a miembros del mismo grupo y de cada individuo hacia sí mismo.”. Sin embargo, aclara que las culturas implican algo más que la simple enumeración de dichos aspectos, ya que éstos no son independientes y poseen una estructura.

     Tanto en Tylor, así como en Harris y Boas, podemos encontrar que el concepto de cultura se define por características y expresiones que son producidos por los individuos como miembros de una sociedad. Sin embargo, en cuanto a definir a la cultura como conductas aprendidas, fenómeno mental, ejercicio intelectual o esquema cognitivo, el antropólogo Samuel Hurtado (2006:37) va a expresar que de esta manera el concepto de cultura sufre un impase, ya que ésta tiene que ubicarse en la producción de significado. De esta manera, encontramos antropólogos como Clifford Geertz (2003:20), quien va presentar un concepto de cultura inspirado en la semiótica el cual consiste en una trama o urdimbre de significados creado por el hombre (seres humanos), lo que convierte su análisis en una tarea interpretativa. En este sentido más allá de considerar a la cultura como un conjunto complejo que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y varias otras actitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad, debemos manifestar que la cultura nos remite a la producción de significados:

           El concepto de cultura que propugno y cuya utilidad procuran demostrar los ensayos que siguen es esencialmente un concepto semiótico. Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones. Lo que busco es la explicación, interpretando expresiones sociales que son enigmáticas en su superficie. Pero semejante pronunciamiento, que contiene toda una doctrina en una cláusula, exige en sí mismo alguna explicación. (Ibídem).

     Según Clifford Geertz (Citado en Ortner; 1984:3), la cultura se encuentra encarnada en símbolos públicos que son utilizados por los miembros de una cultura para transmitir su cosmovisión, valores, ethos y todo lo demás, entre sí y a las generaciones futuras; en este sentido el concepto culturas no solamente encuentra un grado de objetividad que hasta el momento no había encontrado, sino también se nos indica hacia dónde se debe dirigir su estudio, es decir en los símbolos como vehículo de significación. Con Geertz el estudio de la cultura va a ir más allá de una simple descripción superficial de las distintas actividades, expresiones y manifestaciones de una cultura, dirigiéndose a la interpretación de los significados por el cual se realiza tal o cual actividad. En este sentido, nos propone el concepto extraído de Gilbert Ryle de “descripción densa” (Geertz; 2003:22). Para explicar en qué consiste la descripción densa, Geertz primeramente, describe dos expresiones que a simple vista se presentan de la misma manera: la contracción involuntaria de uno de los ojos o “tic”, y el “guiño” que es la misma contracción de uno de los ojos, pero a diferencia del “tic” éste se realiza de una manera deliberada. Una descripción superficial de ambas expresiones no nos dirá en si qué significado ostentas cada una, ya que éstas no solamente pueden ser un “tic” involuntario o un “guiño”, sino que además si se está en presencia de un “guiño”, éste puede ostentar múltiples significados, todo depende de quién lo realice, dónde y por qué: “Las complejidades son posibles y prácticamente no tienen fin, por lo menos lógicamente.” (Ibídem). De esta manera, estaríamos en presencia no solamente de un concepto de cultura que permite definir el objeto de estudio de la antropología (los significados por el cual se hace tal o cual cosa), sino también se estaría delimitando la actividad antropológica (hacia la descripción densa) y el estudio de la cultura (hacia los significados):

           Pero la cuestión es que la diferencia entre lo que Ryle llama la "descripción superficial" de lo que está naciendo el que ensaya ante el espejo (remedador, guiñador, dueño de un tic...), es decir, "contrayendo rápidamente el ojo derecho" y la "descripción densa" de lo que está haciendo ("practicando una burla a un amigo al simular una señal con el fin de engañar a un inocente y hacerle creer que está en marcha una conspiración") define el objeto de la etnografía: una jerarquía estratificada de estructuras significativas atendiendo a las cuales se producen, se perciben y se interpretan los tics, los guiños, los guiños fingidos, las parodias, los ensayos de parodias y sin las cuales no existirían (ni siquiera los tics de grado cero que, como categoríacultural, son tan no guiños como los guiños son no tics), independientemente de lo que alguien hiciera o no con sus párpados. (Ibídem).

     En las culturas encontramos la existencia de significados que determinan el comportamiento de sus individuos. En este sentido, tenemos que en todas las representaciones culturales, encontramos la existencia de significados: “Los órdenes o sistemas de la vida social humana se caracterizan por ser significativos, y esto por igual en las sociedades <<incivilizadas>> y en la <<civilizadas>>.” (Gómez García; 1981:76). Estos significados son reconocidos, valorados y descodificados por las mismas personas, a raíz del carácter público que contienen. De esta manera, el estudio de la cultura se nos presenta como un estudio semiológico que busca los significados de las expresiones de las culturas:
              
           Cuando consideramos un sistema de creencia -digamos el totemismo-, una forma de organización social –clanes unilineales, matrimonios bilaterales-, la preguntas que planteamos es sin duda: << ¿Qué significa todo esto?>>, y para responder a ella, nos esforzamos por <<traducir>> a nuestro lenguaje reglas dadas primitivamente a un lenguaje distinto.” (Lévi-Strauss; 1987:27).


     Al manifestar que la cultura nos remite a la existencia de significado, quiere decir entonces que ésta se desenvuelve dentro de relaciones simbólicas. Los significados se presentan como una entidad semántica, cargada de simbolismo y capacidad de representación (Abril; 1999: 494). En este sentido, cuando los seres humanos asignan significados a hechos o cosas físicas, éstos luego son transformados en símbolos (White; 1982:43). Es decir, que aquellas expresiones materiales, así como todo acto, creencia y actitudes que forman parte de la cultura, funcionan a partir del uso de los símbolos (Ibidem). Es así, como vamos a encontrar conceptos de cultura como el de Leslie White (1982:337), en el que se señala la capacidad humana de la simbolización, definiendo la cultura como “…un diferente orden, o clase, de fenómenos, a saber, aquellas cosas y hechos que dependen del ejercicio de una facultad mental, peculiar de la raza humana, a la que hemos llamado <<simbolización>>.”. Sin embargo, creemos tal como afirma Claude Lévi-Strauss (1979:22), que más que buscar una teoría sociológica del simbolismo, debemos más bien buscar el origen simbólico de la sociedad.

     La evolución biológica dotó al ser humano de un cerebro capaz de la función simbólica (Gómez García; 1988:3). Sin embargo, los conocimientos que se tienen acerca de las bases fisiológicas del simbolismo, no están claras, hasta el punto que nuestro conocimiento del tema es escaso o casi nulo (White; 1982:48); aunque sí existen autores, quienes han estudiado el tema y nos ofrecen distintas teorías acerca de cómo funciona y se desarrolla el simbolismo en la especie humana, única del reino animal en poseer dicha cualidad.

     El carácter simbólico de las culturas ha sido abordado por distintos antropólogos, entre los que podemos mencionar en primera instancia a Marcell Mauss (citado por Levi-Strauss; 1979:17), quien define la vida social como un mundo de relaciones simbólica, mientras que Claude Lévi-Strauss (1979:18), manifiesta que está en la naturaleza de las sociedades expresar sus costumbres e instituciones por medio de símbolos. De esta manera, encontramos antropólogos como Leslie White quien afirma que las expresiones materiales, así como todo acto, creencia y actitudes, funcionan a partir del uso de los símbolos (White; 1982:337). En este sentido, podemos afirmar tal como manifiesta Ernst Cassirer (1967:26), que el sistema simbólico transforma la totalidad de la vida humana, sistema simbólico que incluye el lenguaje, el mito el arte, y la religión.

     Para Ernst Cassirer (1968:26), todo organismo posee un sistema receptor y un sistema efector, los cuales se encuentran en cooperación y equilibrio, lo que permite que el organismo pueda sobrevivir, “El receptor por el cual una especie biológica recibe los estímulos externos y el efector por el cual reacciona ante los mismos…”. Entre el sistema receptor y el efector, se ubica el sistema simbólico. Ernst Cassirer (Ibídem) lo explica, afirmando que al haber un estímulo externo es decir el sistema receptor, su respuesta (que en los demás organismos biológico es instantánea) en los seres humanos es demorada por un proceso lento de pensamiento y reflexión. De esta manera es como el ser humano formaría su mundo simbólico. Este sistema simbólico, se interpone entre el ser humano y la realidad física en el sentido que todo pensamiento humano estará mediado por las formas lingüísticas, imágenes artísticas, símbolos míticos, ritos religiosos; cuya situación también se presenta en la esfera teórica y práctica en el que el ser humano se encuentra sumido en emociones, esperanzas, temores, ilusiones, desilusiones, fantasías y sueños; el ser humano a medida que más piensa y reflexiona se refuerza el sistema (Cassirer; 1968:26).

     En Claude Lévi-Strauss encontramos que el origen simbólico de las culturas, se encuentra en operaciones de la mente humana. La realidad se presenta ante el ser humano, como algo confuso y difícil de explicar, que sin embargo, es necesario ordenar, lo cual sólo es posible a través de la mente (Lévi-Strauss citado en Moragón Martínez; 2007:10). La mente humana organiza la realidad a través de combinaciones binarias (mesa: silla) y de oposiciones binarias (hombre/mujer, día/noche, frio/calor), a partir de estas estructuras lógicas de ordenación, el pensamiento humano se va a desarrollar a través de relaciones metafóricas y metonímicas. Las primeras se basan en relaciones morfológicas que atienden a la forma del objeto dando lugar así a la creación de analogías y metáforas y que están dirigidas a lo especifico de la realidad llegando a un entendimiento inmediato o formal de ésta, por su parte el pensamiento basado en relaciones metonímicas se dirige más a lo abstracto y cualidades intelectuales de la realidad, que pretende no solamente comprender el mundo sino también explicarlo (Moragón Martínez; 2007:11); en las primeras observamos relaciones simbólicas mientras que en las segundas se nos presentan relaciones de causa-efecto (ciencia). En este sentido, tenemos que las entidades metafísicas que se inician como conceptos incoados en la mente, luego son exteriorizados a través de signos y símbolos; las ideas abstractas que son engendradas en nuestra mente por ejemplo, bueno/malo, luego son proyectadas en el mundo exterior, de esta manera bueno/malo se pueden convertir en blanco/negro; empleamos signos y símbolos para proyectarlos sobre cosas y acciones del mundo exterior por ejemplo: novia vestido blanco/viuda vestido negra, feliz/ triste, bueno/malo, encontrando así una relación simbólica (Leach; 1989:51). De esta manera, encontramos que el simbolismo se reduce a un conjunto de leyes que operan a través de oposiciones binarias (Gómez García; 1981:174). Con lo cual se nos presenta el concepto de cultura de Claude Levi- Strauss (1979:18), consistente en “…un conjunto de sistemas simbólicos que tienen situados en primer término el lenguaje, las reglas matrimoniales, las relaciones económicas, el arte, la ciencia y la religión.”. Dicho sistema tiene como finalidad expresar ciertos aspectos de la realidad tanto física como social “…e incluso las relaciones de estos dos tipos de realidades entre sí, y lo que estos sistemas guardan los unos frente a los otros.” (Lévi-Strauss; 1979:20).

     Los sistemas simbólico van a permitir que los significados sean expresados y transmitido de generación en generación. De esta manera, la cultura se nos presenta como un sistema de comunicación; “Así, comunicarse es, literalmente, el modo como las culturas funcionan, se construyen y se trasforman.” (Amodio; 2006:25). En este sentido,  las culturas van a ser a su vez, sistemas de comunicación ya que están compuestas por signos, símbolos y señales, que transmiten información condicionando las conductas de los individuos; todas las representaciones culturales contienen un mensaje que es conocido por los miembros de esa sociedad. Los signos y símbolos se presentan como transmisores de significados reconocidos, por lo tanto formarían parte de un sistema de comunicación. “En otras palabras, los fenómenos del mundo –natural y social-, su ordenamiento y las cosas que lo conforman, se objetivizan en palabras y símbolos, y sólo así es como podemos experimentarlo, significarlo y explicarlo.” (Ramos Lara; 2006:54).

     Las sociedades están compuestas por individuos que se comunican entre sí de distintas maneras (Gómez García; 1981:160). Las culturas en general, cumple las funciones de comunicación e integración social que busca asegurar la supervivencia de los individuos; en cada nivel cultural (economía, parentesco, mito, lengua, etc.), se regula un tipo de intercambio como modalidades de una función comunicacional, por lo tanto encontramos en las cultural un criterio regido por la regla de intercambio (Gómez García; 1988:5). La cultura va a funcionar como un sistema de signos y símbolos que transmiten información de generación en generación para darle sentido a la existencia humana. En este sentido, es como un esquema que transmite significaciones materializadas en símbolos y signos de una generación a otra; esto es, un sistema de modelos que se heredan y expresan a través de formas simbólicas con las cuales los actores sociales se comunican, perpetúan y adquieren sus conocimientos y actitudes frente a la política.” (Castro Domingo; 2011:242).

     Los signos y símbolos sólo transmites información, siempre y cuando estén combinados con otros signos y símbolos dentro de un sistema; los signos y símbolos no son unidades autónomas. Los signos no se presentan de manera aislados sino más bien éstos siempre forman parte de un conjunto de signos y símbolos que funcionan dentro de un contexto cultural específico y sólo transmiten información siempre y cuando estén combinados con otros signos y símbolos de un mismo contexto (Leach; 1989:19). Además los signos solamente transmiten información, porque sus miembros conocen el significado. Para que un signo, símbolo o señal, pueda transmitir información, su significado anteriormente tiene que ser explicado (Leach; 1989:16). De esta manera encontramos que tanto las culturas como el lenguaje mantienen arquitecturas similares y ambas se edifican a través de oposiciones y correlaciones; lo que implica que ambas mantengan el mismo tipo de estructura (Lévi-Strauss; 1987:110).

     Para que un signo tenga significado, debe estar combinado con otros signos que en conjunto generan relaciones de sentidos. En este sentido, tenemos que en los sistemas simbólicos lo importante no va a ser los signos sino más bien cómo están combinados, ya que los signos y símbolos sólo pueden ejercer funciones siempre y cuando pertenezcan a sistemas, regidos por leyes internas (Lévi-Strauss; 1987:35). La sociedad más que ser producto de la interacción de los individuos, tenemos relaciones de sentido que establecen los significados que encontramos en la cultura y en la vida cotidiana; “El complejo de sentido socialmente acumulado y compartido reproduce –y puede dar lugar a- significaciones que reproducen y forman códigos intersubjetivos de acción.” (Ramos Lara; 2006:45). Dentro de las culturas subyacen estructuras compuestas de signos y símbolos que funcionan a modo de sistema, y es esta organización sistémica lo que les da vida: “Los contenidos empíricos, los objetos, símbolos y personajes que aparecen no significan por sí mismo sino que se vuelven significativos dentro del sistema de relaciones o estructura que revelan.” (Gómez García; 1981:131). Los distintos comportamientos manifestados por los seres humanos, obedecen a una realidad estructural que no se encuentra a la vista, sino más bien al nivel de los sentidos que origina ese corpus de significados.

     Aquello que expresa la cultura a nivel superficial, no es más que el reflejo de una serie de mecanismos fijos que se hallan en un nivel estructural, cuyos mecanismos se encuentran perfectamente ordenados, formados por elementos que combinados entre sí dan lugar a las diferentes expresiones culturales; de esta manera la labor del investigador se encuentra en descifrar los códigos ocultos de significados que subyacen bajo el conjunto de relaciones observable empíricamente (Moragón; 2007:2). En este sentido, el enfoque interpretativo recurre a dos ejes de análisis: el sentido y el significado intersubjetivos que la acción social tiene para sus protagonistas; por eso su principio de partida es: tras lo visible de las acciones sociales yacen dispositivos de significados simbólicos que otorgan sentido y –por ende- controlan la conducta de los seres humanos. (Ramos Lara; 2006:44).

     En la mente humana, encontramos un inconsciente estructurante que le da forma a los contenidos externos y los estructura a través de oposiciones binarias, con lo cual aparece el sistema simbólico y con éste la cultura. Este inconsciente es la base de lo simbólico y por ende de toda cultura y sociedad; “…es natural por cuanto es universal pero es propio de lo simbólico y portador de sus posibilidades de significación impone sus “reglas” a toda obra cultural; es de naturaleza en extremo lógica.” (Fages; 1972:57). Tal como lo entiende Claude Lévi-Strauss, el inconsciente: “Deja de ser el refugio inefable de las particularidades individuales y el depositario de una historia singular, para no ser más que el conjunto de estructuras que se ponen en juego en la función simbólica.” (Gómez García; 1981:175). En este sentido, el inconsciente se nos presenta como un sistema de estructuras universales (Lévi-Strauss citado en: Remotti; 1972:145), estableciendo reglas de comunicación simbólica e imponiendo leyes estructurales, es decir, que todo lo que recibe el individuo externamente, sólo adquiere significación a través de cómo lo organiza el inconsciente y lo trasforma en discurso (Fages; 1972:).

     Al ser una instancia universal presente en todo pensamiento humano y en todas las manifestaciones de la cultura, el inconsciente nos permitirá obtener un principio de explicación válida para toda interpretación cultural. El inconsciente lévis-traussiano es formal, racional y lógico, en cada institución de la cultura subyace una estructura inconsciente, lo cual también nos dice que detrás de todo fenómeno social existe un orden perfectamente coherente (Gómez García; 1981:64). De igual manera, el inconsciente también va a imponer leyes estructurales a elementos inarticulados que vienen de otra parte: pulsiones, emociones, representaciones, recuerdos (Gómez García; 1981:175). Por lo tanto, encontramos que en las culturas subyace una instancia objetiva y universal, con leyes estructurantes que rigen todos los sistemas de representaciones, significado, sentido, estados afectivos y pensamiento expresada por cada individuo, cultura y sociedad.

     A partir de la existencia del inconsciente, encontramos en las culturas una realidad estructural que obedece a una lógica binaria. Sin embargo, tal como lo afirma Claude Lévi-Strauss (Citado en: Gómez García; 1981:78), estas estructuras no definen algo real, sino más bien hacen referencia a la red lógica de oposiciones y correlaciones que vinculan los elementos del sistema de una totalidad que lo inteligibiliza: “La estructura de un sistema para Lévi-Strauss, designa siempre el modelo abstracto que da cuenta del objeto empírico.” (Gómez García; 1981:78). Ninguna estructura se reduce a una reordenación de partes cualquiera, sino más bien una estructura obedece a un ordenamiento que funcionan a modo de sistema, el cual mantienen una cohesión interna inaccesible a la observación (Lévi-Strauss; 1987:35).

     Según afirma Claude Lévi-Strauss (1987:301), la noción de estructura nos remite a los modelos construidos, de acuerdo a la realidad empírica; estos modelos deben contar con cuatro condiciones: 1.presentar carácter de sistema. Consiste en elementos tales que una modificación cualquiera en uno de ellos entraña una modificación en todos los demás. 2. Todo modelo pertenece a un grupo de trasformaciones, cada uno de las cuales corresponde a un modelo de la misma familia, de manera que el conjunto de estas transformaciones constituyen un grupo de modelo. 3. Las propiedades antes indicadas, permiten predecir de qué manera reaccionará el modelo, en caso de que uno de sus elementos se modifiquen. 4. Finalmente, el modelo debe ser construido de tal manera que su funcionamiento pueda dar cuenta de todos los hechos observados.

     Claude Lévi-Strauss (1987:303), manifiesta que cuando el modelo hace referencia a lo inconsciente, expone lo oculto de lo consciente dando cuenta de este último. En este sentido cuando se habla de estructura se hace referencia a un modelo que explica cómo se encuentran relacionados y combinados los elementos a modo de sistema, y que dan cuenta de las expresiones culturales conscientes. Pedro Gómez García (1981:53) en su trabajo sobre Claude Lévi-Strauss afirma que es necesario descentrarse de lo consciente y centrarse en lo que oculta lo consciente y que a su vez lo explica “…desde lo vivido, sensible y consciente se va hacia lo real, inteligible e inconsciente donde radica la verdad de lo inmediatamente vivenciado.” (Gómez García; 1981:54). Es así, cómo podemos explicar dentro de las culturas, las pautas de conductas y costumbres que ostentan una naturaleza inconsciente.

     Más allá de toda creencia, costumbre o práctica cultura, subyace una realidad estructural, lógica e inconsciente, “Las grandes manifestaciones de la vida social tienen en común con la obra de arte el hecho de nacer al nivel de la vida inconsciente…” (Lévi-Strauss; 1988:125). Las costumbres son impuestas externamente y anteceden los sentimientos internos y cómo podrán y deberán manifestarse las emociones, según Lévi-Strauss éstas responde al funcionamiento de las estructuras lógica inconscientes (Gómez García; 1981:54).

     En las culturas encontramos una instancia inconsciente, que no es manifestada por los miembros de una cultura. Sin embargo, las categorías inconsciente que determinan en última instancia el funcionamiento de la magia, la religión o lingüística, debe buscarse a partir de los testimonios y observación de los participantes (Lévi-Strauss; 1987:24). En este sentido, todo conocimiento de tipo etnográfico e historiográfico no se ha de desechar, sino más bien se ha de utilizar a los fines de la determinación de las condiciones o estructuras inconscientes que están en la base de los fenómenos sociales (Remotti; 1972:147). Cuando el etnólogo encuentra que cada una de las explicaciones dadas por los miembros de una cultura, se consiguen con explicaciones secundarias o superficiales y poco racionales acerca de sus costumbres e instituciones (Lévi-Strauss; 1987:66). Escasamente los miembros de una cultura, se dan a la tarea de reflexionar acerca del origen y naturaleza por el cual se realiza alguna costumbre, práctica o representación, sólo se nos presentan explicaciones superficiales que no expresan su origen inconsciente (Lévi-Strauss; 1987:66). Claude Levi-Strauss (Lévi-Strauss; 1987:66), expresa que es muy difícil encontrar una explicación razonable acerca de una costumbre o institución; aunque sus explicaciones pueda parecer muy razonable, sin embargo éstas deben ser consideradas de tipo secundario, ya que las razones inconscientes por las que se practica una costumbre no se encuentran dentro de estas explicaciones.

     En torno a las expresiones culturales conscientes, el antropólogo Leslie White (1982:157) nos advierte que a pesar de la fuerza de convicción que tiene la experiencia inmediata, éstas representan una ilusión; todo lo que el individuo puede distinguir a través de los sentidos a pesar de ser percibido carece de origen y significación, sin embargo, esta consciencia a pesar de no ser percibido como tal sino más bien como algo privado e individual, tiene un origen sociocultural: “La consciencia es sencillamente nuestra experiencia de nuestro conocimiento del funcionamiento de ciertas fuerza socioculturales que actúan sobre nosotros.” (Ibídem).

     La cultura actúa sobre el individuo (sin que él lo sepa), modelando su conducta, pero de manera inconsciente; los motivos por el cual se debe practicar las tradiciones culturales permanecen inconscientes, al individuo. Por lo tanto creemos tal como lo dice Leslie White (1982:161), que estudiar la cultura implica acceder a ese nivel inconsciente: “La ciencia de la cultura se encuentra empeñada en descubrir, definir y explicar estos factores culturales inconscientes." (Ibídem).

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